Picaflor, mire que usted está en deuda con sus lectores, ¿eh?
Tranquilo, no se ponga ansioso, que se va a enfermar de úlcera.
¿Cómo fue la historia de las mujeres en el hotel de Paraguay cuando fue a jugar Uruguay por las Eliminatorias?
Usted no sabe el quilombo que generó esta información. Todo el mundo se hace el distraído, tienen miedo de quedar en off-side. Lo primero que quiere precisar El Picaflor es que los futbolistas, cuerpo técnico y los dirigentes que viajaron con la delegación se comportaron pipi cucú.
Nadie pecó. ¿Eso quiere decir usted?
Hubo tentaciones, pero en honor a la verdad, nadie se salió del trillo. Además, no les iba a resultar una tarea sencilla tener que arremangarse contra los molinos de vientos que desembarcaron en el hotel. Si aceptaban un desafío de esa envergadura, podían haber terminado como los jugadores de Peñarol: desgarrados por la sobrecarga de esfuerzo físico.
- Bueno, vaya al grano y déjese de driblear. ¿Qué pasó en el hotel?
Después que los integrantes de la Selección jugadores y técnicos se fueron a descansar, cuando la madrugada asunceña empezaba a bostezar llegó al hotel una camioneta con varias pasajeras… Eran aproximadamente la una y media de la mañana. Los únicos que se mantenían despiertos a esa hora eran las águilas y los halcones noctámbulos. Las muchachas, hermosas, que estaban fuertes como té de ortiga, empezaron a pasearse por el amplio lobby en actitud sospechosa… Demostraban que no eran huéspedes del lujoso hotel sino que estaban “changando”. Haciendo el mango, para ser más claros a la hora de pintar el cuadro.
¿Y?
Cuando algunos de los viajeros del charter (empresarios y periodistas, entre otros) se percataron de la presencia de las chicas guaraníes, empezaron a preparar los riles, el lengue lengue y las redes, para empezar la pesca a la encandilada…
¡No me diga!
Parecían unos salvajes en medio de la jungla… Cuando confirmaron que las minas estaban para el peso mejor dicho para los dólares se contactaron con el conserje un paraguayito joven que les levantaba centros para que los yoruguas metieran el gol y al mejor estilo de los remates ganaderos, empezaron a hacer ofertas por la mercadería.
Siga, siga, que la historia me tiene atrapado.
Mientras Tabárez dormía en su habitación del quinto piso y/o soñaba con el sistema que le iba a oponer al otro día el Tata Martino, los jugadores se habían entregado a Morfeo, los hinchas celestes que viajaron en el charter con la Selección disfrutaban de una noche de juerga y orgía tres pisos más abajo… “¿Cuánto me cobrás?”, dijo uno de los viajeros. “Depende de lo que quieras”, respondía una hermosa paraguaya que no había gastado más de 20 almanaques en su vida. Según le comentó al Troquílido uno de los pescadores nocturnos, “la tarifa iba de 60 a 80 y 100 dólares” Al final, todas las chicas que salieron a la pista consiguieron clientes. La fiesta terminó con los primeros rayos del sol e incluyó todas las ofertas.
La juerga más comentada al otro día fue la que protagonizaron cuatro hinchas celestes con cuatro ninfas guaraníes. Como les resultaba pequeña la cancha para jugar el partido, resolvieron unir las habitaciones en un solo ambiente y terminaron en una orgía… Después de esta historia parece sensato que en el futuro la Selección nacional y sus dirigentes se hospeden en un hotel diferente al de los hinchas que contratan el charter, porque los objetivos de unos y otros son muy diferentes.
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