"Contra Huracán Buceo no iba a jugar"
Fernando Morena dialogó largo y tendido con LA REPUBLICA, en una entrevista en la cual no sólo habló de sus éxitos como jugador, sino que repasó su infancia y sus vivencias a nivel personal. También contó historias desconocidas (o al menos conocidas por pocos), como que no iba a jugar en el histórico encuentro frente a Huracán Buceo en el cual convirtió 7 goles o que Vélez lo quiso comprar cuando tenía solamente 12 años.
–¿Cómo fue tu infancia?
–Nací en Punta Gorda pero me fui a Punta Carretas, a una casa en la calle que hoy se llama Salvador Da Linea. Papá y mamá trabajaban en el Club de Golf y luego nos volvimos a Punta Gorda, donde papá empezó a trabajar en una whiskería en la época de oro del Uruguay, allá por la década del 50. Después, cuando tenía cinco años, nos mudamos a la calle Julio María Sosa.
–¿Cuáles eran tus diversiones de niño?
–La pelota y la bicicleta, después viene la etapa donde nos mudamos a la calle Patria y allí era fútbol y básquetbol todo el día. Yo iba al liceo Juan Francisco de Sales, donde el deporte era parte de la actividad. En el Faro había una cancha de básquetbol de baldosa que la utilizábamos para jugar al fútbol y en el verano íbamos a la Playa Ramírez a jugar de cabeza en la arena y al vóley. El deporte me gustaba mucho, aparte la primera televisión la tuve a los diez años, hasta ahí era deportes y jugar a los cowboys.
–¿Eras de ir a la cancha?
–Sí, iba a todas. De chico era hincha de Nacional e iba a ver mucho a Defensor porque me quedaba cerca. En esa época, para saber lo que pasaba había que ir a la cancha y el fútbol siempre fue mi pasión.
–¿Cómo fue tu primer contacto con las divisiones formativas?
–Jugué el baby fútbol en Defensor, donde nos echaron a todos. Eso fue algo que nunca se supo. Además éramos socios y entrenábamos en el gimnasio de Jaime Zudáñez. En la Liga Palermo del ’64 batimos el récord de goles y les ganamos a todos. Fuimos a Buenos Aires y ahí me quiso comprar Vélez a los 12 años. Me pagaban los estudios, me traían a Montevideo una vez por mes y vivía en el club, pero mis padres no quisieron saber nada.
–¿Cómo llegaste a Racing?
–En el ’67, en cuarto de liceo, Jorge Siviero (que era el hijo del presidente) me dijo para ir a jugar, arreglé y me ficharon. El primer gol que hice se lo hice a Nacional en el Parque Central, mi madre lo escuchó por la radio. Ganamos uno a cero con gol mío pero al llegar me dijo que el tanto lo había hecho un tal Santini. Era yo, pero habían cantado errado por las dudas que te robaran del equipo. Un día me echaron contra Peñarol y no fui más.
–Después viene tu etapa en River…
–Luis Silva, un amigo que falleció hace poco, me dijo para ir a River. En la Quinta División nos fue muy mal, hicimos tres puntos en todo el campeonato pero salí goleador con 14 goles en doce partidos. En el ’69 arranco en primera división debutando el 5 de octubre.
–¿Qué hiciste con el primer dinero que cobraste?
–Con la primera plata me fui a Buenos Aires con mi madre. Pagué el pasaje de avión a ver a mis tíos con los premios de una especie de Liguilla que hubo a fines del ´69. Después pude regalarle un reloj a mi padre.
–¿Qué recuerdos tenés de tu debut con Peñarol en Brasil?
–El debut fue en Itayaí, al lado de Florianópolis. Fue un día después de mi cumpleaños, el cual habíamos festejado con Hugo Fernández que era del mismo día (2 de febrero). No estaba nervioso porque había 50 personas. La sensación grande la siento cuando jugamos a la vuelta con Boca en el estadio, donde había cerca de 50.000 personas. Entré por Julio César Giménez, que había hecho un golazo.
–¿Cuál considerás que fue tu mejor año en Peñarol?
–Hay que diferenciar el año del equipo y el individual. El ’82 fue el más completo porque se ganó todo, campeones uruguayos, de América y del mundo, y pude concretar una buena actuación. Había veces que fui goleador y el equipo no salía campeón, lo que te deja un vacío. Lo primordial era que ganara Peñarol y ese año ganamos todo. Fue espectacular y fui goleador a todo lo que jugué.
–¿Qué sentiste en el histórico partido ante Huracán?
–Recuerdo que no iba a jugar. Dino Sani nos había dicho que teníamos un partido de Libertadores y la cancha embarrada no era ideal para que Maneiro y yo jugáramos. Yo no faltaba nunca, y finalmente se resuelve que jugábamos y que nos sacaba en el entretiempo. Incluso me pidió que jugara más atrasado y lo hice. Pero el primer tiempo terminó tres a cero con tres goles míos. A Maneiro lo sacó, como estaba pactado, pero yo seguí. El cuarto lo hago a los pocos minutos del segundo tiempo y con el quinto entró el murmullo en el estadio. Sucedió cuando no estaba previsto e incluso tuve la posibilidad de hacer el octavo en el penal que me atajaron.
–¿Qué te dejó en el aspecto personal tu paso por España?
–Fue maravilloso, me marca la diferencia entre el futbolista profesional de Europa y el de Uruguay. Se dice que entrenan más que nosotros y no es así. El tema es que si me entreno en una gran condición y me voy parado en un ómnibus a mi casa y cuando llego, la comida no es la adecuada, no puedo asimilar el entrenamiento por más bueno que haya sido. Yo vivía como un rey en España.
–¿Qué significó para Valencia la obtención de la Supercopa?
–Se dio una final increíble ante el Notthingam porque en Londres nos hacen dos goles sobre el final por un par de distracciones. El partido de vuelta fue durísimo. El presidente vino a ofrecer un premio extra por ganarla y lo hicimos al ganar la vuelta 1-0 con gol mío tras una buena jugada de Saura y por el gol de visitante que habíamos hecho. Igualmente no tenía la trascendencia de televisión y marketing de ahora, pero fue muy difícil.
–¿Cómo fueron los últimos años y el momento del retiro?
–Cuando estuve en Boca era todo una lágrima y un poco se me fueron las ganas. Volví ilusionado a Peñarol y se me volvieron a ir las ganas. Le dije a mi mujer que cuando terminara la Liguilla del 84 me retiraba y no quise saber más nada. Después en el 86 me dijeron para volver.
–Después tenés la posibilidad de retornar a España como entrenador
–Sí, me hubiese gustado quedarme en una ciudad hermosa como Murcia. El presidente se portó muy bien conmigo y me llevé bárbaro con los futbolistas, pero no estaba el ambiente alrededor del club para seguir. En esas cosas soy muy radical, si el ambiente no es sano para poder trabajar no se puede seguir.
–¿El tema del mal ambiente te pasó en Peñarol?
–El problema de Peñarol del ambiente no era adentro del grupo, era afuera pero que se involucraba adentro, llegaba y afectaba. Yo podría hacer un libro de 2005, de todo tipo y color.
–¿Te quedás con una espina al no haber podido repetir como técnico lo que hiciste como jugador?
–No sé si una espina, pero es lógico que me hubiese gustado pero no estaban dadas las condiciones. En Peñarol la exigencia de salir campeón está siempre, pero no había ninguna posibilidad de que Peñarol en 2005 saliera campeón ni siquiera que pudiera tener alguna oportunidad para clasificar al campeonato de bochas de fin de año.
–¿Crees que debieron tener otro trato para contigo?
–Pienso que sí, pero no importa. Yo no perdono, que perdone Dios. Tampoco tomo repre
salias, pero no perdono.
–¿Te ves como candidato a la presidencia de Peñarol?
–Fue algo que me ofrecieron hace cinco meses y que me llamó la atención la trascendencia que se le dio. Se hizo demasiada bulla. Lo pensé pero no sé qué pasará de acá a las otras elecciones. Es muy difícil como está la situación. Un gran problema en el Uruguay es el dirigencial. *
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