La medalla de Fornaroli: "Creer o reventar"
Cruzar los dedos, vestir siempre la misma ropa, sentarse en el mismo lugar, cambiar la radio cuando el equipo no va ganando, son solamente algunos ejemplos de cábalas que muchos hinchas practican cada vez que su club favorito juega un partido; otros realizan rituales mucho más elaborados, varios relacionados con diferentes religiones, que a veces rinden el efecto deseado y seguramente otras no, aunque se repiten una y otra vez.
Entre los aficionados, lo más exótico que hemos visto en una cancha de fútbol ha sido una señora muy elegante cambiándose sus zapatos en medio de cada partido clásico: una cábala reservada para los choques ante el rival de todas las horas. Pero si hablamos de los jugadores, la lista de creencias incluye entrar con el mismo pie a la cancha, persignarse, usar la misma camiseta debajo de la del equipo u ocupar el mismo lugar en la fila rumbo al campo, concluyendo que aquellos que son supersticiosos lo son mucho más que cualquier hincha, y cumplen «a rajatabla» con sus creencias.
La historia viene a colación por un hecho que vivió en los últimos tiempos el atacante tricolor Bruno Fornaroli, que lleva a repetir aquella manida frase de que «hay que creer o reventar.» A mediados de año, cuando el salteño fue descendido al plantel de Tercera y estuvo a punto de ser cedido a préstamo, un hincha se le acercó y le regaló una medalla de la Virgen Milagrosa, diciéndole que le había regalado una igual a Forlán y al poco tiempo había salido «Pichichi» (goleador de la liga española). Le dijo que se quedara tranquilo, que «las cosas iban a salir», y quiso el destino que en dos días nada más regresara de Tercera para ser titular en el primer equipo, ante la imposibilidad de jugar de Florentín, Pereyra, Perrone y «El Chengue».
Lo que sigue es la parte conocida de la historia: un gol a Fénix en el primer partido y otro a Wanderers en el segundo, y desde allí, la sequía hasta la tarde de la víspera. Muy pocos saben –hasta hoy– que Fornaroli perdió la medalla en el césped del Parque Central ante los bohemios, y con ella –parecía– se habían ido los goles y los buenos momentos. Bruno había decidio colocarla en la muñequera que llevaba generalmente en su brazo derecho, y en vista de los buenos resultados decidió ubicar al hincha para que le obsequiara otra similar.
El contacto se concretó, y otra medalla llegó a poder del «Tuna», pero con otra imagen y –aparentemente– «descargada», como él mismo lo definió: «Vino sin goles, hasta ahora, pero ya van a llegar», dijo a LA REPUBLICA en su momento. La sequía se estiró más de la cuenta, por lo que en algún momento rondó en su mente colocarla en otro lado, o dejarla en el vestuario, pero decidió confiar y después de prepararse toda la semana para tener un lugar en el banco de suplentes, repentinamente tomó el lugar de Pereyra entre los once titulares. Decidió mantenerla, aunque en la mano izquierda, y volvió a convertir, consolidándose como goleador tricolor del torneo, con cuatro conquistas.
En el primer gol, besó el escudo de la camiseta y con los pulgares apuntando a su espalda señaló el número nueve de la misma, lo que repetiría en el segundo. Después se fue muy cansado, y obviamente, muy aplaudido.
Quien no tuvo tanto protagonismo como se esperaba fue el técnico de River, Juan Ramón Carrasco, que sólo soltó algunas de sus clásicas sonrisas cuando uno de sus jugadores marra una situación propicia e hizo de las suyas cuando preguntó a los colegas de la televisión sobre si existía posición adelantada en el primer gol. Después, poco más del show que habitualmente despliega. Su mayor curiosidad, sin duda, fue el hecho de no confirmar el equipo titular hasta cinco minutos antes del comienzo, pues incluso mandó a todo el plantel a calentar, cuando generalmente lo hacen solamente los titulares antes del juego.
Nacional dispuso varios cambios para el cotejo que sirvió para el primer triunfo de la era Pelusso: la vuelta de Caballero, pasando Romero a la izquierda, más los regresos de Barone, «El Chengue», Fornaroli, Perrone y «O Jota», que provocaron las salidas de Acosta, Viana, Da Rosa, Florentín, Pereyra y Ferreira.
Como ya se informó oportunamente, el pasado viernes volvió a entrenar con los tricolores Nelson Abeijón; aunque reglamentariamente está en condiciones de jugar, su regreso a las canchas será recién en el próximo torneo.
La última victoria del conjunto darsenero ante los tricolores sigue siendo la correspondiente al Apertura 99, por 3 tantos a 1.
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