APUNTES AL CARBON

Paraguay es otra historia

Paraguay no es Bolivia y en el añejo Puerto Sajonia hubo que asumir la realidad. Los dueños de casa mantuvieron la identidad. No hubo distancia del equipo que empató injustamente en Lima.

Y es que además de anular a los peruanos, los dirigidos por Martino debieron alzarse con la victoria, que no lograron por méritos del arquero Butron y la ausencia de puntería de sus delanteros, de manera especial en el tiempo complementario donde marraron varias situaciones propicias.

Como era de esperar aumentaron su disposición ofensiva pero no regalaron un centímetro jugando como locales.

Presión sobre la pelota, desbordando nuestro medio campo, propiciando la pérdida de balones, desbordando por las bandas y desnudando endeblez defensiva en el rival.

Es que Uruguay nunca logró acomodarse con la variante en el sistema.

Recién mostró otra consistencia cuando se volvió a jugar con cuatro hombres en el fondo, pero sin llegar a un nivel de solidez y convicción, como la que mostró Paraguay.

Lo más preocupante es que también fuimos superados en la predisposición para la lucha, más allá del esfuerzo y el entusiasmo por intentar algo mejor, pero fueron intentos individuales que, como tales, naufragaron a la «estancia» que por momentos parecía ser la cancha del Defensores del Chaco.

La escuadra compatriota nunca pudo ser el equipo «corto» que aconsejaban las circunstancias. A espaldas de nuestros volantes invadían los dueños de casa y los zagueros no atinaban a salir al anticipo, cortar o, por lo menos abroquelarse en el área para contener los ataques albirrojos.

 

Lo que va de ayer a hoy

Llegados que fuimos al primer cuarto de hora, luego del golazo de Haedo, tras la jugada espectacular de Cabañas, se intuyó que sería muy difícil dar vuelta la historia por parte del visitante.

Además de comprobar que los errores se pagan caros en este nivel de competencia.

Por aquello de que Paraguay no es Bolivia en cuanto a jerarquía y endurance, agregado a los errores se fueron sumando sin solución de continuidad.

El propio Haedo de cabeza, balazos de Cabañas y Barreto, estuvieron a punto de aumentar el tanteador.

En otras, la solvencia de Carini, de comienzo vacilante, simplificó la cuestión y minimizó el riesgo.

El panorama ofensivo celeste no podía ser alentador. Un par de combinaciones de Suárez y Forlán, un gran remate de Rodríguez que tapó Villar, sendos intentos del propio Forlán y el ingresado Sánchez ya en el complemento.

Muy poco para pretender seriamente cambiar el trámite.

El local se recostó en el fondo y permitió mayor tenencia del balón a la visita, pero la hizo con la certeza de tener controladas las acciones de riesgo, salvo la única vez que ganamos por arriba y el frentazo de Lugano salió muy lejos del arco uruguayo.

En el juego aéreo fuimos superados sin atenuantes y, más allá de la ausencia de un hombre determinante como Abreu, no pareció clara la lectura sobre esa valencia que es marca en el orillo del local.

Sin embargo, no podemos quedarnos solamente con la sensación de que se perdió por un error defensivo, porque sería hacerse trampas al solitario.

La goleada ante Bolivia estuvo bien, y de pronto, más allá de las flaquezas del rival, el equipo rindió por encima de lo adecuado en este inicio de las Eliminatorias, en cuanto al rendimiento colectivo.

Pero no es lo mismo generar circuitos de juego veloz y preciso, ante un rival como el de Asunción, si no integra el equipo un hombre de enlace, con características definidas de armador, capaz de hacer la pausa o acelerar el juego según convenga. Lo establecimos en nuestra columna luego de 5 a 0 del Centenario, por encima de la euforia del momento, porque se nos ocurre necesaria una inclusión de ese tipo, para darle otros caminos a la elaboración del juego celeste.

Por encima del gran rendimiento de Rodríguez, de aporte notable y diferente por su potencia y velocidad, pero que sería mejor aprovechado por alguien que lo lanzara con tiempo y espacio, ganando en sorpresa y ampliando el frente de ataque.

Paraguay lo supo frenar leyendo la misma cartilla que antecede esta crónica. Uruguay no supo la lección y no le salió ni el tiro del final. *

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