Un epílogo vergonzoso
El epílogo del juego fue una verdadera vergüenza. Todo se inició cuando los agentes de seguridad, pretendieron sacar a un parcial de Verdirrojo desde la propia parcialidad local, y eso provocó el repudio. Sobre la zona de vestuarios, empujones, algún palo que voló de los granaderos, a falta de 3’45» para finalizar el juego, que se paró por unos instantes, y los jueces determinaron que no habían las garantías suficientes para seguir. Los ánimos se calmaron, los jugadores de Verdirrojo calmaron a su parcialidad y el partido concluyó. Pero todo no quedó ahí. La rivalidad de una parcialidad y otra se hizo notar, y se produjeron escaramuzas entre ambas parcialidades, en el acceso al escenario. Los granaderos intentaron calmar los ánimos, la parcialidad de Aguada (un puñado) tuvo que esperar por lo menos media hora para salir (al igual que los jugadores) y afuera los esperaban sus rivales, quienes ingresaron al gimnasio a incitar a que salieran afuera para enfrentarse. Por suerte, todo quedó en intentos, pero todo fue lamentable. Carlos Davanzo, integrante del Consejo de Primera, trató de manejar la situación; algunos lo increparon si razón, pues los problemas no los originó el dirigente de la FUBB. Una vergüenza, por suerte no pasó a mayores, pero faltó muy poco.
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