El libro del Picaflor

Picaflor, Picaflor, ¿por qué se está guardando la mejor fruta?

–¿Qué está diciendo?

–Me parece que usted no está cantando la justa como don Jorge.

–¿Por qué dice eso?

–¿Usted no se enteró que Figueredo dijo que está dispuesto a renunciar a la Confederación?

–Mire que todo el mundo sabe quiénes son los Reyes Magos…

–Sí, sí, pero parece que lo dijo en una radio. Usted que está enterado de todos los chimentos, ¿no se enteró?

–Despacito y por las piedras. El Picaflor se enteró al toque del comentario que hizo Figueredo el pasado miércoles en Area Penal del mediodía. Pero como dice el Quique Yanuzzi, usted tampoco se coma la pastilla.

–¿Por qué?

–Porque ese comentario, al margen, lo hizo el vicepresidente de la CSF cuando los colegas lo interrogaron por el tema de Cardellino en el Comité de Arbitrajes. Allí, Figueredo comentó que si un día los clubes uruguayos le retiraban su apoyo político en la Confederación, él daba un paso al costado y se alejaba del cargo. ¿Usted cree que los clubes tirarían tanto de la cuerda para forzar esa situación?

–¿Y qué pasa si mañana o pasado al Zar se le mete en la cabeza que hay que quitarle el respaldo a Figueredo en la CSF y consigue un voto de castigo en la AUF?

–Ah, esos son otros López, como dice el refrán. Seguramente, Figueredo no evaluó esa hipótesis política. Hoy por hoy, esa posibilidad está fuera del marco real de la Asociación pero tampoco es para descartarla en el futuro. Intimamente, El Picaflor cree que ese fue un lapsus de Figueredo. Quiso mostrarse tan canchero con Da Silveira, Baíllo, Alfonzo y Etchandy y dejó la puerta abierta para el futuro. Al plumífero le consta que en la calle Divina Comedia en más de una ocasión han hablado de la inconveniencia de su presencia en la AUF y todos los días le tiran misiles por elevación por el poco peso político que tiene –él– para defender a la selección de los arbitrajes en las Eliminatorias.

–Ojo, plumífero. Mire que hasta el Imperio Romano se derrumbó.

–Eso es verdad, pero hoy por hoy no están dadas las condiciones para forzar la caída del equilibrista –como lo llama Damiani– de la vicepresidencia de la Confederación. No se esfuerce en adulterar la realidad política porque hoy en día eso no se va a concretar.

–¿Y qué pasaría, por ejemplo, si Uruguay no clasifica para el Mundíal?

–¿Y qué pasaría si Uruguay clasifica?

–Usted le está sacando la nalga a la jeringa.

–Lo que pasa es que usted quiere obligar al Troquílido a que asuma un compromiso periodístico que hoy por hoy, no tiene sustento real…Lo que sí le puede manifestar el Troquílido es que Figueredo no evaluó el contenido de su confesión. Los dirigentes del fútbol uruguayo están convencidos de que su cargo no pertenece a la AUF sino que es a título personal, por lo tanto, aceptar públicamente que el día que los clubes no lo respalden él da a un paso al costado en la Confederación, es meterse un gol en contra al santo botón.

Más de uno va a pedir esa grabación porque, llegado el momento, la van a sacar a relucir; ¿no cree?

–Es posible; por eso el plumífero está convencido que Figueredo, en el único lapsus del año 2000, le dio pasto a la fieras y llegado el momento, le van a pasar la factura y terminará siendo víctima de sus palabras. Un error imperdonable que a esta altura el mismo Figueredo no se debe perdonar.

–Es que de tanto ir el cántaro al agua, al final…

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