La celeste en su peor racha de todo el siglo jugando como visitante
Hace más de cuatro años y medio que la selección uruguaya no obtiene una victoria jugando como visitante, en partidos oficiales. El último triunfo data del 24 de abril de 1996 cuando, por la primera fecha de las Eliminatorias para Francia 98 derrotamos 2-0 a Venezuela en Caracas. Esta es la cruda realidad, y la estadística golpea aún más duro al percatarnos de que se trata de la peor racha que a lo largo de todo el siglo ha sufrido la gloriosa camiseta color cielo.
En efecto, Uruguay jamás había padecido una seguidilla tan grande de encuentros sin poder vencer en casa ajena. El peor momento para nuestra selección se había registrado entre 1975 y 83, soportando en ese lapso, 8 partidos seguidos sin victorias como visitante.
Además, si nos referimos a rachas de derrotas consecutivas, lo peor se había dado entre 1989 y 93 cuando perdimos tres veces seguidas, pero en 1996 y 97 rompimos el récord al sufrir 7 traspiés consecutivos. No hay dudas de que la década del noventa fue la más negra para el campeón del siglo, manto de oscuridad que se extiende hasta estos días.
La «Generación Olímpica» sólo cayó en Buenos Aires y Rio
En los tiempos del fútbol lírico, Uruguay se hacía temer jugando en tierra extraña. Los celestes eran hueso duro de roer por su implacable y aplicada marca, utilizando a José Nasazzi en una función inédita: líbero. Fue el Gran Capitán de los celestes el primer líbero en la historia del fútbol mundial, y fueron los orientales famosos por su defensa infranqueable.
La década del veinte acuñó la famosa frase «Ataca Argentina, gol de Uruguay», palabras que resumirían dos estilos diferentes de encarar el fútbol. Nuestros vecinos se caracterizaron, siempre, por jugar al ataque, y nosotros levantamos las banderas de defender y contragolpear, con las cuales tanta gloria hemos acumulado. Pues la «Generación Olímpica» sólo cayó derrotada en Buenos Aires y Rio de Janeiro. Entre 1916 y 37, lapso de tiempo a través del cual la celeste fue defendida por los maestros del 10, con Piendibene a la cabeza, y luego por los olímpicos con Nasazzi como símbolo, Uruguay sólo sufrió tres derrotas (dos en Argentina y una en Brasil) sobre un total de 13 partidos, en los cuales se obtuvieron nada menos que 7 victorias.
Es entre 1924 y 28 cuando Uruguay logra la mayor cantidad de victorias seguidas jugando como visitante. Vence a Francia en los Juegos Olímpicos de París en 1924, a Chile en la Copa América del 26, a Perú en el mismo torneo pero en 1935, y a la Argentina en la Copa del 37. Esta seguidilla de triunfos fuera de casa, jamás se volvería a repetir.
Los campeones del 50, invictos hasta Puerto Sajonia
Tras vencer en la histórica final de Maracaná, la selección uruguaya no volvió a perder jugando de visitante hasta 1957, aunque no fueron muchos los partidos que disputó en esa condición. Venció a Perú en 1953 y 57 y empató con Chile y Colombia en el 55 y 57, además del ya reseñado triunfo sobre Brasil en la final de la Copa del Mundo de 1950.
El 0-5 sufrido en Puerto Sajonia ante los paraguayos, significó el primer duro revés para nuestro fútbol, y el final de otra racha favorable en presentaciones fuera de fronteras.
Sin derrotas desde Guayaquil 59 hasta Alemania 74
Superado el trago amargo de la eliminación de Suecia 58, la celeste se recompuso y logró participar de cuatro mundiales consecutivos, desde Chile 62 a Alemania 74, siendo ésta la racha más extensa en lo que a concurrencia a Copas del Mundo refiere. Pues entre la Copa América Extra de Ecuador 1959 y hasta el Mundial de Alemania en 1974, Uruguay no perdió nunca jugando de visita. Venció en tres oportunidades a Ecuador, siendo en Perú y Venezuela los restantes triunfos, y cosechó empates en Bolivia, Inglaterra, Chile y Colombia.
Fue recién en la Copa América de 1975 cuando se cortó la racha, al caer por goleada de 3-0 en Bogotá, ante Colombia.
Sin victorias entre 1973 y 83
La década del setenta compite con la del noventa en cantidad de fracasos. El fútbol uruguayo no levantó copa alguna entre la Intercontinental tricolor de 1971 y la Libertadores, ganada también por Nacional, en 1980.
Es entre 1973 y 83 cuando se registra una de las peores rachas de la selección jugando de visitante, pues no obtuvo victoria alguna. Cayó en Bolivia, Ecuador y Chile, y empató en Venezuela, Paraguay, Perú y Colombia. Pero tres de esas igualdades tuvieron sabor a derrota. La de Caracas en el 77 significaría a la postre, la marginación del Mundial argentino. La de Lima en el 81 selló nuestra eliminación de España 82. La de Bogotá, en la misma Eliminatoria 1981, sólo sirvió para cumplir con el fixture, pues ambos equipos ya estaban eliminados.
Volvieron los éxitos con Enzo, Paz, Gutiérrez, Alzamendi y Cía.
Asume Borrás y a partir de 1983 retornan los éxitos para la celeste jugando fuera de casa. En la Copa América de ese año vence a Venezuela y Perú, e iguala en Brasil, dando la vuelta olímpica. En el 85, por la Eliminatoria, suma otro triunfo, esta vez en Ecuador, y de la mano de Fleitas, en 1987, se alcanza una de las victorias más importantes de todo el siglo, jugando como visita, al derrotar a la Argentina campeona del mundo. En la Eliminatoria de 1989, dirigida por Tabárez, la selección concreta en Lima el último triunfo importante en el exterior. Entre 1983 y 90, defendida por la generación de Francescoli, Ruben Paz, Gutiérrez, Da Silva, Alzamendi, Aguilera, Sosa etc., la celeste sumó 5 triunfos y 5 derrotas sobre un total de 11 partidos jugados fuera de casa.
Los oscuros noventa
Entre 1993 y 97, Uruguay consigue apenas dos victorias en Venezuela y una en Ecuador, y un empate en Buenos Aires con la celeste ya eliminada de Francia 98 y Argentina ya clasificada. El resto fueron puras derrotas, tres en La Paz, y una cada una en Quito, Rio, Bogotá, Santiago, Asunción y Lima.
Sumamos en este lapso, dos eliminaciones en los Mundiales, y no logramos figurar siquiera entre los cuatro primeros en las Copa América que jugamos en el exterior.
«Los Pibes de Malasia» nos devuelven la esperanza
Pese a no haber logrado aún un triunfo de visitantes, «Los Pibes de Malasia» le devuelven la esperanza al fútbol uruguayo. Un empate en Asunción, con posterior victoria desde el disco blanco para dejar fuera de competencia al organizador de la Copa América de 1999, otra igualdad que debió ser victoria de no mediar la sanción de un «penalcito» en Maracaná, y derrotas por mínima diferencia en tres de los cuatro reductos más difíciles del continente como lo son Asunción, Bogotá y Buenos Aires, vaticinan un futuro más venturoso para las próximas visitas de la celeste.
Podrá ser ante Bolivia, aclimatación mediante, que se logre terminar con la peor racha del siglo.
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