Apuntes al carbon

RUBEN OLIVERA

No nos salvó ni el tiro del final. Así de fácil y sencillo, porque la Copa América terminó para nosotros a la hora de los penales.

Historia repetida y que nos llega a indigestar, porque vale lo de «si no querés un plato tomate dos…», habida cuenta de que nos pasó en el anterior torneo jugado en Perú y ante el mismo rival, a la postre y por la misma vía, remates desde el punto blanco, logró el título ante Argentina.

Lo que vino luego a nadie le importa.

El partido de la tristeza, como se señala al que adjudica el tercer puesto en cualquier justa futbolera. Para Bilardo es el «partido de los bobos» y que nadie quiere disputar, porque los objetivos eran otros y no se pueden sustituir de ninguna manera al cabo de una derrota que cercena la posibilidad de definir un juego por el título.

Lo cierto es que Uruguay debió claudicar una vez más ante Brasil.

¿Qué cosa ésta de los penales? Los propios norteños acuñaron la incidencia que tiene este sistema, obteniendo nada más y nada menos que la Copa del Mundo, en la recordada final del certamen ecuménico disputado en Estados Unidos.

Recordado por factores negativos que matizaron la competencia.

El positivo de Maradona en el control anti dopaje. El tremendo calor.

Las enormes distancias entre las sedes y la consiguiente extensión de los viajes, que «mataban» a los futbolistas. El discreto nivel del fútbol jugado y la soporífera muestra futbolística de brasileños e italianos, en la peor definición que recuerda la historia y que, justamente, permitió que a través del máximo castigo, el «scratch» lograra el título en 1994.

 

¿Ruleta rusa, suerte o impericia?

Esta nueva frustración trajo al tapete otra vez la polémica. Más que eso, puntos de vista. El negocio de los penales ¿es a suerte o verdad? ¿Hay que «ligar»? ¿Es una ruleta rusa? ¿Es un invento maldito?

Admitamos que es un drama para el fútbol uruguayo. Porque recientes definiciones de nuestros clubes, a nivel internacional, marcaron derrotas por la misma circunstancia. Más allá de que la última Copa América quedó en casa en 1995, justamente a través de los penales, con la certera ejecución de Bengoechea, Francescoli, Herrera y Martínez, reputados especialistas en el tema. Sin embargo, todo el Centenario era un rezo y puteadas varias para Pichón Núñez y Morena, porque el restante designado en la tanda fue Alvaro Gutiérrez, sin antecedentes valederos a criterio de la mayoría.

Pero le «rompió» el arco a Taffarel y fue gol.

Es que los penales, sobro todo en instancias tan dramáticas como las señaladas, se convierten en una circunstancia emocional que todo lo puede. Claro que es mejor la gimnasia del ensayo, práctica repetida de los movimientos, rematando una y otra vez. Registrando la memoria y el empeine, para hallar precisión y asegurar esa chance que resuelve un resultado cerrado. Pero no asegura el éxito.

Lo sabe cualquiera que alguna vez estuvo dentro de una cancha.

Porque por encima de la técnica y el talento surgen factores como la mochila de la responsabilidad. No se puede fallar. El miedo escénico. La fatiga. Tampoco es lo mismo, previo a un cotejo que puede necesitar de este tipo de definición, una práctica intensa con participación de todo el mundo, para de allí rescatar a los que más embocaron. Al cabo será un fiasco, porque el entorno es otro completamente distinto al de la competencia.

Por último, no ha pasado tanto tiempo ¿o sí? desde que Maidana le atajó un penal a Pelé, en el mismísimo Villa Belmiro. Desde que Pedro Virgilio Rocha marró tres penales en el mismo partido. O Morena contra Zape. O Zico y Platini en el Mundial de México 86 y en el mismo partido. ¿Y Maradona en Italia 90? Lo salvó Goycochea, que se atajó todo en aquel Mundial.

Vayan estos nombres encumbrados, para no enumerar una lista imposible de cracks que erraron penales y perdieron campeonatos, como Baresi y Baggio, justamente, cuando le dieron el título en bandeja a Brasil en Estados Unidos.

Ni tanto ni tan poco, en todo caso, habrá que preocuparse por analizar el volumen de juego del combinado en esta Copa América que a priori pudo parecer ciertamente cercana a nuestras posibilidades.

Digamos que ya nos duelen las Eliminatorias para el Mundial de Sudáfrica. *

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