Historias de la Copa
El último partido de la Copa América disputada en Guayaquil, en 1959, enfrentó a Uruguay, ya clasificado Campeón de manera anticipada, ante Paraguay, que no realizó una gran campaña en el certamen pero alistaba valores como los hermanos Jara, Insfrán, Echagüe y un par de futbolistas que en poco tiempo tendrían su pasaje por el fútbol uruguayo defendiendo a Peñarol.
No eran otros que el delantero Claudio Cabral y el zaguero Juan Vicente Lescano.
Los celestes estaban invictos y componían el cuadro goleador del torneo, con 13 tantos a favor y ninguno en contra del arco defendido por el carolino Roberto Sosa.
Pero a poco del comienzo el puntero Juan Parodi abrió el score a favor de los guaraníes. El partido se «pudrió» porque los nuestros salieron con todo en procura del empate y los paraguayos pegaban a diestra y siniestra; hasta que a la salida de un corner Sasía le tiró tierra en la cara al arquero Riquelme. Cuando llegó el centro de Escalada, el guardameta manoteó sin visión, perdió la pelota y el propio Pepe la mandó a guardar.
Se armó un candombe infernal porque sucedió sobre el final del encuentro y todo terminó con un desafío para ajustar cuentas «donde quieran».
Así respondió el inolvidable Narigón, liderando el grupo celeste.
La cita fue en una plaza cercana a los hoteles Majestic y Claridge, respectivamente, donde estaban alojados uruguayos y paraguayos.
Pasada la medianoche se produjo el encuentro con las previsiones que eran de suponer. Sin embargo, en medio de una gran tensión, a distancia de ambos grupos paralamentaron los caudillos Sasía y Monín. ¿Conclusión?
El «combate» se trasladó a un boliche donde se comió y tomó de todo, confraternizando los dos planteles que volvieron de madrugada entre «cantarolas» con tango, murga y alguna galopera. *
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