Historias de la Copa
Más allá de ser protagonista involuntario, junto a Juan Delgado, de la patética anécdota de tintes racistas y discriminatorios que involucró a los chilenos, en el Sudamericano de 1916, Isabelino Gradín fue todo un personaje de la época y uno de los más grandes deportistas nacidos en este país. Dueño de una gran simpatía, también supo ser controvertido y de los primeros futbolistas que enfrentó a los dirigentes, reivindicando los derechos que virtualmente no existían en su relación con los clubes.
Si bien todavía no había asomado el profesionalismo que recién aparece en la década del treinta, se entendía que el jugador merecía, por lo menos, un mejor tratamiento y, en la medida que no recibía ninguna paga, era de recibo que pudiera elegir su destino al final de cada temporada.
Gradín encabezaba ese movimiento y lo mantuvo en su brillante pasaje por Peñarol y la sección celeste, donde integró un trío central de campanillas en la delantera, junto al Maestro José Piendibene y Angel Romano. Pero por si eso fuera poco, resultó ser un atleta excepcional, imbatible en los 200 y 400 metros llanos; el mismo año que se consagró Campeón invicto con la celeste, además de goleador, en Buenos Aires, batió los récords de las distancias mencionadas en el Sudamericano de Atletismo de Río de Janeiro, culminando un año fantástico, festejado a lonja y madera, materia ineludible llegado el Carnaval para el celebrado deportista. *
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