Mirando los arbitrajes
Es normal para el fútbol uruguayo, casi cotidiano, echar mano a la excusa de los arbitrajes para justificar derrotas o campañas deportivas negativas.
Sucede en el campo local e internacional.
Ni hablar cuando en el último caso, desconfiamos de todos los que antes solían ser «hombres de negro» (hoy casi ni ocurre porque los tiempos han cambiado y otorgaron colorido a la vestimenta de otrora) y tocaban pito para dirimir encuentros de nuestros clubes o el seleccionado.
Tanto es así, que en la última edición de la Libertadores, hubo varios que fueron muy comentados, parafraseando al nombre de un programa realizado por Víctor Hugo en Canal 4, y en que alguna vez participamos, con aquel cuando Defensor Sporting derrotó a Gremio en el Centenario, pero se dijeron pestes sobre el trabajo de referí chileno Selman (o Zelman, alguna vez lo escribieron así, pero da lo mismo).
Y quien lo dijo tenía razón. Hasta los propios gaúchos en alguna incidencia, vaya paradoja en aquella noche siniestra de juez trasandino.
Ahora bien, cuanto espacio en los programas deportivos de radio y televisión, noticierios, diarios y semanarios se hubiera empleado, si a cualquier equipo nativo, le hubiera tocado una conducción impresentable como la de Roberto Silvera en el Boca-Cúcuta de La Bombonera o la de Jorge Larrionda en el mismo escenario, cuando los locales enfrentaron a Gremio.
Más que rasgarse las vestiduras, se hubieran desnudado de manera literal o como lo expresó un colega de la Cadena Caracol de Colombia «a los 10 minutos ya sabíamos que por más que siguiera realizando un gran partido, el equipo de Bernal iba a perder la clasificación jugando contra más de 11…».
O lo manifestado por los propios periodistas argentinos, al cabo del juego ante los de Porto Alegre, señalando gruesos errores arbitrales que favorecieron al local.
O como dijo Beto Alonso, el ex crack de River: «Era muy bravo para Gremio porque terminaron jugando 10 contra 12…»
Vaya dicho todo esto a cuenta de mayor cantidad, incluido lo sucedido en la revancha del Olímpico norteño.
Nobleza obliga
Pero el fútbol siempre rescata hechos y situaciones dignas, que enaltecen (al hombre y producen consecuencias, ejemplos a seguir para tener un mundo mejor con la gente viviendo «como la gente» y no de manera vil y marginada, infrahumana a veces, a vista y paciencia del resto de la sociedad que observa y contempla pero no se rebela y se muestra insensible.
Y todo surge, precisamente, mencionando al equipo de Cúcuta y tiene que ver con su director técnico. Jorge Luis Bernal, Chamo como le dicen los íntimos.
Se hizo conocer en el continente por la gran actuación de sus dirigidos, catapultados a los grandes titulares y ditirambos en el máximo torneo continental, a despecho de su escasa experiencia internacional.
Y este hombre con apariencia mansa, pachorrienta, que uno intuye líder por el respeto que infunde y cierta aura cuasi mística que se desprende de sus palabras y la humildad de su actitud, vaya que es un ejemplo a seguir.
Nobleza obliga destacarlo como corresponde.
Resulta que buena parte de los salarios que percibe por su trabajo, los traslada al compromiso asumido con una fundación social, que emprende tareas de ayuda y respaldo a merenderos, hospicios, cárceles, hogares de niños y ancianos.
Obviamente, cuando sus tareas se lo permiten, participan personalmente de esas acciones afirmativas.
Según este inédito Quijote futbolero «… es obscena la cantidad de dinero que ganan unos pocos en desmedro de los muchos, por eso quienes tenemos algún ingreso ciertamente ventajoso, debemos cumplir con la obligación moral de darle una mano a nuestros hermanos desvalidos. Es nuestra obligación, somos hombres públicos y debemos dar un buen ejemplo…»
Vaya ejemplo el de Bernal. Vale para rescatar la esperanza de tener algún día un fútbol que valga por el juego en sí mismo y el placer de practicarlo y disfrutarlo. De gozar y sufrir con victorias y derrotas acontecidas a ley de juego. Nada más ni nada menos.
¿Difícil para Sagitario? Igualmente es bueno soñar, de ello vive el hombre y alimenta su alma, aunque confesamos que más allá de la pelota, la presencia de los Bernal mantiene viva la ilusión de desterrar la injusticia y al decir de algún viejo de quien se acuerdan de vez en cuando, que los más infelices sean los más privilegiados. *
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