
Era casi una cuestión de honor. En el pasillo que antecede al vestuario tricolor se respiraba deseo de revancha. Hasta se podría decir que no importaba demasiado ganar la Liguilla, la Libertadores ni la Sudamericana: lo único que importaba era vengar las últimas dos caídas, ya que con eso hundían totalmente al eterno rival.
Alcanza con decir que el plantel llegó al Centenario a las siete menos diez. Recién media hora después se abrió la puerta para que saliera Pablo Fuentes a confirmar el triunfo de Wanderers, por saber que era letal para los carboneros. Salvo eso, lo acostumbrado: algunos asomándose por la ventana que da a la Platea América (Martínez, Caballero y Godín, entre otros) y la llegada al camarín de algunos dirigentes antes que la oncena marchara a calentar en el túnel ciego.
Votos de confianza, nervios y palmadas en la espalda abundaron en la salida al campo de juego y se repetirían para el segundo tiempo, acompañadas del “¡vamos, se puede!” de los presentes, que se multiplicaron para palmear, abrazar, chocar manos y besar a futbolistas y técnicos a la vuelta de la cancha.
“El Pato” Sosa llegó llorando (después confiaría la razón: “Por mi padre, porque ahora justo en este momento (…) no lo tengo, no tengo palabras…” y atrás Agustín Viana gritando repetidamente “Nacional es grande nomá, el Decano, el Decano nomá”, iniciando la fila de hombres que se zambulleron en el vestuario para el festejo íntimo.
Al otro lado de la puerta se escuchaban los cantos de los jugadores; primero “un minuto de silencio, para el manya …”, luego el “despacito, despacito, despacito…” y enseguida el clásico “carbonero donde estás, yo te busco por la Copa…”, hasta que el delegado Alejandro Balbi pidió que abrieran la puerta y enseguida continuó el coro junto al empresario Luis Crisci y el dirigente Roberto Laplazote.
Inmediatamente salió Carreño sin hablar con nadie, mientras llegaban al recinto para saludar a sus ex compañeros “El Loco” Abreu y Luis Suárez antes estuvo Mauricio Victorino y a su vez Adrián Romero y Pablo Alvarez marchaban a cumplir con el examen antidoping.
Entre los dirigentes presentes sobresalió la reflexión del profesor Eduardo Giovaninni, señalando que “éste es el triunfo más importante de los últimos años en un partido decisivo… Otras veces ganamos, sí, pero en un partido bisagra, clave clave, donde teníamos todo para hundirlos, les perdonábamos la vida. Es mucho más trascendente que el triunfo en sí.”
Mientras el camarín quedaba vació, integrantes del cuerpo técnico citaban para las nueve y media de la mañana a los jugadores, para empezar a preparar el partido con Defensor, en el que Nacional no tendrá al “Palillo” ni a Delgado, suspendido, aunque seguramente podrá contar con Mathías Cardaccio.
ésa es otra historia; ayer era noche de festejos, como el de los dirigentes, que brindaron hasta entrada la madrugada en “Un Golazo”, local gastronómico de Pocitos. *
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