Cordón y el básquetbol lo pagan muy caro
Repasando el juego entre Bohemios y Cordón no comprendo el desenlace que tuvo el espectáculo y sus lamentables consecuencias. Bohemios ganó y festejó en la cancha casi diez minutos, hubo lugar a las notas periodísticas hasta que se decidió abandonar la cancha y empezó la barbarie. El mejor jugador del encuentro, Diego Pereyra, fue agredido por un parcial de Cordón en la puerta de acceso al club y ese hecho fue la piedra del escándalo. Todo podía haber quedado en una simple anécdota, de las tantas que existen y existirán en una cancha, si la historia hubiese terminado ahí.
Cuando Bohemios en su ómnibus intentaba retirarse un grupo de gente de Cordón, con piedras, rompió los vidrios generando un momento de gran tensión, llevando a que el chofer del mismo pasara con su ómnibus por encima al joven jugador albimarrón Mauro Mainentti, quien agredido se había caído al piso.
Las consecuencias ya se saben y pudieron ser aún más trágicas. De una agresión inesperada nació una barbarie que casi termina con la vida de un deportista de 22 años.
Cuando escribo esta columna no tengo conocimiento del fallo que determinará el Tribunal de Penas, y la verdad es que el mismo no me preocupa.
Seguramente será duro con Cordón y lo puede complicar con el ascenso, pero sin ser egoísta queda en un tercer plano en mi consideración. Lo más grave pasa por la salud de un deportista, que aún no se sabe si podrá seguir jugando o no, si le quedarán secuelas en el futuro, y también por el enorme daño que esto generó en el producto básquetbol. Costó mucho imponer el básquet nuevamente en las familias, en acercar a los niños a practicar este deporte, el generar torneos atractivos, canchas llenas, empresas que vean con buenos ojos invertir en nuestro deporte, como para aceptar que un grupo reducido sea capaz de generar un daño tan grande.
No debemos aceptarlo ninguno de los que queremos a los niños jugando al básquetbol.
La dirigencia de Cordón, que cometió errores pero que también consideró que no participó de esta idea de agresión, ni de emboscada, está dolida y preocupada. El error de los dirigentes fue reaccionar tarde; recién el lunes aparecen en escena. El que inició la piedra del escándalo es del riñón de Cordón y en Cordón mismo estará en definir los pasos a dar si de verdad se quiere erradicar la violencia; como controlar a ese grupo de jóvenes que rompió los vidrios, alejándolo definitivamente de un club humilde y de sacrificio, como el albiceleste, que no precisa de esa gente.
Derecho de admisión, sanciones ejemplarizantes y dirigentes valientes en los clubes, decididos a combatir estos episodios, es lo que precisamos para empezar de vuelta la lucha ante los pocos violentos. *
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