OPINION

Basquetbol en zapatillas

El seminario que organizó la Federación Uruguaya dejó una sabroso diagnóstico, que lo realizó el presidente de la FUBB, Ney Castillo.

Fue un mensaje duro, pero en el 90% de los puntos expuestos existe una coincidencia en la apreciación de cada tema. En un sistema donde quedar bien y ser político es parte del discurso a aplicar, Castillo no midió consecuencias y puso el bisturí a fondo. Al referirse al nivel de los jugadores tocó un punto que es clave para el escaso éxito de que disponemos a nivel internacional, y que hay que ponerlo siempre arriba de la mesa, y es que el biotipo del uruguayo no es el ideal para ser deportista y mucho menos basquetbolista. Producto de la organización en la que nos manejamos los últimos 20 años, hay pocos jugadores con dedicación total y son muy pocos los profesionales.

Fue muy crítico sobre el nivel de nuestros entrenadores y ahí no me animo, por un tema de conocimiento, a sostener en su totalidad lo que manifiesta Castillo, aunque cuando estuvo el Che García en Uruguay, y últimamente Di Sisti, comprobamos la distancia real. Castillo dijo que son los que más saben de la competencia y el juego, que hay que oírlos más, aunque él, palo para Ney, no lo aplica siempre y sí criticó su formación técnica regular y su no dedicación total, aspecto en el que la organización general de la que los dirigentes son responsables se les paga muy poco.

 

Jueces y su pésimo estado físico

Rubro que siempre cuestionamos es el escaso profesionalismo sustentado en la mala imagen física que presentan muchos jueces. Señaló que el nivel intelectual y cultural es irregular y falta promoción de jóvenes jueces que fueron tapados y son tapados diariamente. A propósito existe la idea de crear instructores nacionales de mejor calidad para evaluar a los árbitros, incentivar los ascensos y apuntar las exigencias culturales de los jueces para que ingresen a este ambiente. Castillo nuevamente demuestra su capacidad para saber leer las situaciones, confirma su vigencia como gran dirigente, pero también en él y su creatividad y entorno está el salir de este momento que vivimos, en el que muchos de los puntos, con una planificación bien ejecutada, se pueden cambiar. La cabeza de un ejecutivo es clave, pero el equipo de trabajo es determinante y ahí es donde Castillo debe mejorar su visión, para poner gente con tiempo, jugada, innovadora, que ayude a transformar esta visión actual.

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