SILENCIO, CABEZAS BAJAS Y MIRADAS AL PISO EN EL VESTUARIO TRICOLOR

Todo mal

Nada hacía prever a las dos y media de la tarde, cuando el plantel tricolor llegó al Estadio Centenario, la tarde de terror que viviría en ocasión de este clásico, cayendo por segunda vez consecutiva por goleada ante el rival de todas las horas.

La única forma que tenía Nacional de aliviar la pesada carga de su mala actuación en el campeonato local en este primer semestre era ganar el partido de ayer, por eso el pensamiento de los tricolores pasaba por salir a atacar a la defensa carbonera, poniendo tres puntas y un banco con características atacantes también, ya que Carreño decidió dejar fuera del banco a Marcelo Broli y Luis Oyarbide, que también habían concentrado.

Una hora después, cerca de las tres y media, llegó el único momento de alegría al camarín cercano a la Tribuna Colombes, con la victoria en el preliminar gracias a un gol de Martín Cauteruccio, que desató la algarabía en ese sector del Estadio, liderada por Mathías Cardaccio que recibió uno a uno a los jugadores de Tercera, todos saludados efusivamente, sobre todo el técnico Gustavo Bueno.

En el mismo momento casi, los once titulares salían a calentar al túnel ciego: contrastaba el festejo de los preliminaristas con la seriedad, la concentración de los «titulares», que no sonreían. Todo un presagio.

 

Mala onda

Por esa hora empezaba la seguidilla de malas noticias para los del Parque Central. Primero llegaron algunas discusiones de hinchas con un colega por sus comentarios acerca de la postura del equipo frente a Defensor: querían convencerlo de que «no habían ido para atrás», como se había dicho. Se acercaba la hora del partido y lentamente varios dirigentes comenzaron a acercarse al lugar: el escribano Pena, Giovaninni, Rodríguez Batlle, Barreiro, Della Valle junto con Magurno, Alarcón, Pazos y Balbi, fueron llegando a dar su voz de aliento.

Faltaban doce minutos para la hora señalada para el comienzo del juego cuando Alexis Viera terminó el calentamiento y junto a los suplentes se metió en el vestuario, iniciando un camino que siguió el resto de los titulares dos minutos después. Fueron los segundos de mayor expectativa, de más adrenalina, hasta que comenzó el desfile de todos los futbolistas vestidos totalmente de blanco: primero salió Cardaccio, seguido de Sosa, Viera y Vera, cerrando la fila Alvarez, Castro y Delgado.

Ya en la cancha comenzaban las malas noticias a los dos minutos, por lo que Carreño mandó a Fornaroli a calentar a los tres minutos, pero a los once volvió al banco. El técnico hablaba con los suplentes sobre la facilidad con que ganaba Mendes en el área, y cuando estuvo dos a cero abajo mandó a Cardaccio a calentar.

«Todo mal, loco», fue la única frase que se escuchó al fin del primer tiempo en medio de un silencio total, hasta que comenzó a sentirse la voz de Carreño en una arenga muy fuerte a sus jugadores, donde los conminaba a no entregarse, a tener conciencia de que se podía revertir la situación, «invitándolos» a recordar lo que se había trabajado durante la semana y «a despertarse», según se pudo escuchar desde el pasillo. «No hicimos nada de lo que planificamos», fue la frase que más se escuchó.

 

«Ta´ caldeada»

La pesadilla alba continuó en el complemento: el técnico sacó a Vanzini después de otro manotazo que lo ponía al borde de la roja, y a Delgado tras un cambio de frente mal hecho, y más tarde al «Chori», que se retiró silbado por sus hinchas.

Rostros más serios todavía llegaron al vestuario tras el pitazo final de Larrionda: el primero fue Viana, que se zambulló corriendo, luego Alvarez, Viera, Vanzini, Fornaroli -todos en silencio- … Godín llegó mirando al piso, Carreño resoplando, Caballero rengueando, y el doctor Salvarrey molesto con el encargado de la puerta porque no lo dejaban pasar. Más atrás, otra vez los dirigentes que siempre están.

Viana y Vera fueron los primeros en traspasar la puerta del camarín para marchar al control antidopaje, luego un agente de Policía Caminera -chofer de una de las motos que los acompañaría-, quien cuando salió de la antesala del vestuario murmuró un «ta’ caldeada la cosa», eximiendo de mayores comentarios.

El primer futbolista en salir fue Jaume, luego lo hicieron Godín, «El Chori» y Vanzini, entre otros, sin hablar, mientras los menos dejaron sus impresiones acerca del partido.

 

Godín quiso pelear

Ya fuera del Estadio, unos cincuenta hinchas fueron alentando a medida que subieron al ómnibus a los jugadores. Hubo aliento para Castro, Cardaccio y Godín, cuando de repente surgieron problemas con el ex zaguero de Cerro, que salió a buscar para pelear a alguien que supuestamente lo insultó, por lo que debió ser frenado por policías y compañeros, que lo hicieron subir al ómnibus inmediatamente.

Mientras en las afueras del Palco Oficial varios socios pedían explicaciones a Alarcón acerca del momento del club en el plano local. Los tricolores esperaban por los últimos en subir al bus, ya que el plantel sigue concentrado esperando el juego del jueves.

Delgado y Martínez (de los más aplaudidos) fueron los últimos de la fila cuando eran las seis y media de la tarde, momento en que decidieron marcharse aunque Vera todavía no había llegado del control antidopaje, ya que Pablo Fuentes se quedó esperando para llevarlo a Los Céspedes.

Unos treinta hinchas se quedaron aplaudiendo la partida del plantel en la unidad número 165 de Turil, custodiado por dos motos, que curiosamente no tomó su camino habitual por Avenida Centenario; se metió «por adentro» del Parque Batlle, como queriendo cambiar la pisada. *

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