Con altura
por Enrique Yanuzzi
No siempre son «palos», hoy es el turno de los aplausos. El otro día me envió mi buen amigo Hugo Peyre, encargado de Prensa de la Selección Nacional, un memorándum relacionado con la estrategia a desarrollar para el partido con Bolivia en La Paz, acompañado de un profundo informe médico firmado por el jefe del Departamento Médico de la AUF, el doctor Carlos Voituré.
En este material viene la explicación de por qué se tomó la opción de la adaptación de más de veinte días en lugar de llegar y jugar.
El fútbol me ha dado la oportunidad de viajar por el mundo detrás de la pelota y en once oportunidades he tenido que llegar hasta las cornisas de América. En lo personal, habiendo estado en alguna ocasión más de tres semanas en la altura, coincido plenamente con la decisión tomada, llegar y jugar es muy complicado y el informe lo explica claramente.
El jugador cuando llega a la altura, no sabe cómo va a rendir «su máquina» y nunca va a fondo. Generalmente el deportista tiende a retraerse en su expresión futbolística por su temor a agotarse.
Con una adaptación larga se puede competir, se puede agredir al rival, se logra disposición para la lucha, se mejora la técnica y lo fundamental según el informe; el jugador ya tuvo posibilidades de medir su rendimiento, pierde el temor y se anima a expresarse con toda su potencialidad.
Ya no teme «picar» y poner todo, ya su organismo sabe cómo va a responder después de ir hasta el fondo de la cancha y se tiene que pegar la vuelta.
«La reina» tiene menos resistencia
Otro de los factores que hace favorable la adaptación por más de tres semanas en Bolivia, se debe a la relación que se da en la altura, jugador-pelota.
Siempre que tuve la oportunidad de ver a la selección o a los equipos grandes en la ciudad de La Paz, tuve la impresión de una disminución de la coordinación del deportista con la pelota. Esto por supuesto que lleva a errores técnicos en el manejo de la misma, por parte del jugador no aclimatado. La adaptación lleva a que el jugador corrija esta situación en pocos días de estar en la altura.
Si a los problemas fisiológicos del deportista, se le suman los psíquicos que existen en los primeros días de aclimatación y se le agregan la falta de manejo normal del esférico, la chance de competir prácticamente es mínima.
Para terminar quiero transcribir textualmente lo que señala el informe: «Aclimatarse no significa ganar, pero sí competir con más posibilidades. Tres semanas tampoco es sinónimo de perfecta aclimatación, pero se mejora muchísimo, y cada día que pasa el jugador se siente mejor y mejora por lo tanto su rendimiento».
Categórico, se podrá contar con armas superiores, pero habrá que jugar mejor que Bolivia si se quiere ganar, adaptarse a la altura no significa que los tres puntos estén en casa.
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