EL LIBRO DEL PICAFLOR
—Troquílido, ¡qué bombazo impresionante metió el martes pasado!
–¿Cuál?
—El quilombo de novela que reina en el Colegio de Arbitros que parece un culebrón venezolano.
–El tema está planteado como El Picaflor se lo relató. Mucha gente quedó sorprendida. La dirigencia, mutis por el foro, porque saben que la versión que circula está documentada en el propio archivo del Colegio de Arbitros.
–La expulsión de la árbitra Trucido también impactó, ¿no?
–Cayó como un balde de agua fría. La gente del fútbol femenino llamó al Troquílido para mostrar su malestar con la baja de la señorita Trucido porque no entendían cómo le podían haber cortado las alas, cuando ya había empezado a volar por mérito propio. Claro, ellos desconocían el famoso episodio en el cual fue involucrada la árbitra que llegó al Colegio de Arbitros como una denuncia reservada y fue letal para los intereses profesionales de la funcionaria. Lo que ocurre es que nadie en el Colegio se anima a poner la cara y decir la verdadera causa de la baja de la señorita Trucido, porque el pretexto del bajo rendimiento y falta de aptitudes para el desempeño de la función referil, no se lo cree ni un niño de dos años.
–Todos los años cuando se realizan los ascensos y descensos en el Colegio, surgen críticas contra los dirigentes.
–Es cierto. El Picaflor ha recibido en los últimos días denuncias telefónicas de amigos, allegados, familiares de los propios árbitros que de alguna manera sufrieron las consecuencias en su carrera profesional. Uno de ellos le rogó al Troquílido que investigara por qué, por cuarto año consecutivo habían postergado al árbitro de 2da. categoría, Hebert Prado, después de haber tenido actuaciones destacadas en partidos muy trascendentes en la temporada 1999.
—¿Y qué investigó el plumífero?
—Consultó a fuentes vinculadas al Colegio de Arbitros y obtuvo respuestas ambivalentes. Reconocen que Prado tiene condiciones, es un gran árbitro, dirigió el clásico de Tercera División del Clausura con buena nota, hizo la final de Tercera División entre Nacional y Danubio, integró la terna que actuó en la final entre Villa Teresa y Uruguay Montevideo, en la Liga Metropolitana Amateur, pero su apellido es Prado y no Cardellino, según el informante del Troquílido.
—¿Cómo?
–Como acaba de leerlo. Según el informante del plumífero, si se hubiera dado a la inversa la situación de Prado y Cardellino, el segundo hubiera ascendido a Primera Categoría y el primero hubiera descendido a Segunda. Ocurre que en el Colegio de Arbitros, los representantes políticos no quieren patear contra el tablero y, por segundo año consecutivo, el hijo del director de la Escuela de Arbitros que obtuvo la calificación más baja de su categoría, fue mantenido en la misma «por orden de la superiorioridad».
–Esta última frase me retrotrae a la época negra del país.
—Si no le gusta el color, matícelo con otro. De acuerdo a la denuncia que hizo el amigo de Heber Prado al Troquílido, Juan Cardellino fue designado en el 99 sólo en tres partidos y no le dieron más responsabilidades porque dio más en la herradura que en el clavo… El gran malestar de la Audaf con Cardellino padre, además de lo que ya publicó en exclusividad LA REPUBLICA el sábado 5, está vinculado también con la protección política que tiene su hijo dentro del Colegio, que posterga a otros muchachos que no tienen padrinos aunque poseen una foja de servicios superior, en calificaciones, que la del hijo del director de la Escuela de Arbitros. Los árbitros dicen no tener nada contra Juan Cardellino hijo –» ¡es flor de pibe!»– pero al progenitor lo tienen en la mira y van a hacer lo imposible por voltearlo.
–Difícil que el chancho chifle, ¿no?
—Para la Audaf será una guerra parecida a la que tuvo don Quijote de la Mancha contra los molinos de viento. Pero la gremial la va a librar porque ese es el compromiso que se han impuesto los dirigentes, especialmente los Internacionales que son los que se sienten más perjudicados por la actuación de Cardellino en el Comité de Arbitrajes de la Confederación.
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