Yo…"argentino"

La última experiencia uruguaya frente al poderoso equipo seleccionado de Argentina, nos descolocó. Habría que recurrir a un manual de desaciertos para hallar semejante similitud.

El técnico de la Selección uruguaya es argentino, el preparador físico es argentino, el ayudante de campo, también es argentino. Pero lo más curioso que cohabita con nuestra Selección, un señor Cosentino, que por supuesto es argentino, que no es Sívori, Angelillo, Maschio, Sanfilippo o el marqués Ruben Sosa, pero que enseña, asesora, fortalece vínculos, establece pautas emocionales y espirituales donde se refugian nuestros jugadores.

En mi casa, mí mamá, subconscientemente, imita a la Legrand, mi mujer emula a Susana Giménez y hasta nuestra perra está desconcertada cuando le baten Jazmín si toda la vida se la conoció como Porota.

Un diario matutino de nuestro país, el día del partido frente a nuestros tradicionales adversarios, recordó la victoria en el 52 de Argentina frente a nuestro combinado por 6-1. En la página siguiente, para nuestro estupor, media página se la dedican al goleador del otro equipo. Otros tiempos, otras malas costumbres.

Pero la sorpresa mayor estaría reservada para la tarde misma del encuentro. Uruguay salta a la cancha de rojo y la integración del conjunto marca un desconocimiento elemental de la forma de jugar que tenemos los uruguayos.

Ofensivamente buscamos la contundencia con un nueve, generalmente corpulento, de muy buen juego aéreo, a la velocidad la encontramos con punteros que desgastaban y la sorpresa, tan necesaria en el fútbol de siempre, era patrimonio de los maniobreros, creadores, dribleadores, «comilones», a los que desafectaron los resultadistas de falsas estadísticas.

Así y todo pegamos una pelota en el palo, jugamos en la mitad de la cancha con cinco choferes, ellos con uno solo, a las espaldas de Pablo García, le armó un cabaret bárbaro, a nuestra defensa.

Como siempre, nos quedamos sin respuestas, nos desgastamos defendiendo y sin puntas, las opciones pasan de ser esporádicas a absolutamente nulas.

Pero con los cambios nos terminaron de desconcertar, de jugar sin ningún punta, pasamos a jugar con tres, debilitamos el medio campo, dejando sin asistencía a una ofensiva, donde ni Abreu, Alonso, por sí solos, encuentran espacios ni distancias, ni tampoco el tiempo pues son jugadores que por caraterísticas personales pueden establecer la diferencia jugando de arranque, pero difícilmente modifique un resultado adverso jugando de suplentes.

Como en la película «La tormenta perfecta» que se armó previo al partido, termina por dejar a Uruguay fuera del próximo mundial, al rechazar semejante oferta del Inter de Milán, el señor Daniel Passarella nos salpicó de dignidad a todos los uruguayos, semejante gesto, inhibe de tomar medidas posteriores para desafectar al técnico. Se tendría que producir una hecatombe futbolística, que por ahora no se vislumbra

«Ganamos, perdemos», siempre perdemos, pero eso sí, ahora es con dignidad»…

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