La realidad Nacional: 2-0
Por Rómulo Martínez Chenlo (Desde Rivera, especial para LA REPUBLICA)
Llega un momento en que por más que el tiempo sueñe con que ella le va a dar el sí, para que sean felices y coman perdices, se sabe que no, él sabe que no, que ella le va a cortar la cara como siempre y que se irá, como siempre con el otro.
Uno de esos momentos fue ayer por la tarde en Rivera, tarde ventosa y gris, donde el tipo –Frontera creo que se llamaba–pensó que ella (la gloria) le iba a decir que sí, pero se sabe, no sólo le dijo que no, sino que se fue con otro, con el Nacional.
Así planteadas las cosas puede parecer muy simple, pero lo cierto es que sólo la magia, mezcla de ingenuidad y creatividad que tiene el fútbol, podía hacer a un equipo plagado de déficit deportivo, económico, financiero pudiera plantear un partido de igual a igual, a aquel superdesarrollado y potenciado que está primero en la tabla del año.
Fue la ilusión, un par de sueños y una microesperanza que se fue desvaneciendo con el correr de los minutos, con el desarrollo del juego y de los sistemas tácticos, con la aplicación de la estrategia, con el avance de las individualidades.
Nacional comenzó sacando ventajas por la falta de automatización de la última línea de Frontera que por primera vez en la temporada, y casi sin ensayarlo jugaba con líbero por detrás de los centrales y dos laterales –sin oficio de tal– bastante adelantados.
Fue previsible esperar ataques por las bandas y a toda velocidad, algo que Mario Regueiro ejecutó con eficacia, generando dos y hasta tres situaciones de gol para Sergio Martínez.
Coelho, preclaro en la mitad de la cancha, trató de acelerar la fluidez de los ataques tricolores y cuando no metió exquisitos pases cruzados, fue fauleado cerca del área. Así Nacional empezó a marcar notorias diferencias que sólo eran atenuadas por la increíble y excepcional demostración del salteño Walter Fernando Gugliemone que, asistido por el siempre exquisito Ruben Paz, dio muchísima más batalla de la que en teoría se podía esperar.
De la nada, de una pelota perdida en algún oscuro lugar de la cancha, o de una globa mil veces rebotada por los flippers de la media cancha, Gugliemone recibía, se armaba, descargaba y volvía a buscar, en una de las manifestaciones de lucha y técnica más desarrolladas de las últimas tardes.
Es cierto, hubo algún momento en que un malo director de esta película nos pudo haber hecho creer que ella (la gloria) no le iba a cortar la cara a estos pobres laburantes del Frontera, pero el fútbol, la vida a veces es más duro que en una de Quentin Tarantino, entonces, pase cruzado, bien angulado para Regueiro, Marito que borda y surce por izquierda y de remate se la da bien bobona para que Sosita, tic y adentro, gol.
Iban 40′, y nuestro malo director ya había determinado el melodrama.
Tampoco fue tan así, porque en los segundos 45′, esos muchachitos de rojo, que parecían estar jugando el segundo tiempo del alargue, las medias bajas, la camiseta por fuera del pantalón y los rostros crispados por la fatiga siguieron dando lucha.
Tuvo que oportunamente poner Hugo De León a dos puntas nuevos y fresquitos para por fin rematar el encuentro a la media hora de la segunda parte, cuando Varela, tras otra sensacional habilitación de Regueiro, puso el 2 a 0. Después quedó la lucha de Gugliemone, la calidad de Paz, la solvencia del mellizo Menéndez, pero ya era partido, había ganado Nacional, casi un trámite más y ya pensaba en Boca. Frontera piensa en la boca del lobo.
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