Darío Rodríguez le pidió la sustitución a Julio Ribas
Cuando transcurrían aproximadamente 76 minutos de juego, el lateral aurinegro, Octavio Darío Rodríguez, solicitó el cambio por sentir una molestia física. Un colaborador le comunicó a Julio Ribas el mensaje del futbolista y al oírlo, el entrenador manifestó a los gritos una frase que fue bien captada por los micrófonos de Tenfield y que llegó a todos los televisores, «No, que metan huevo, no hay cambio». Quiso el destino que el número 22 de Peñarol viera la tarjeta roja a falta de 5 minutos para terminar el encuentro y se fuera antes de tiempo a las duchas.
El entrenador tuvo una noche muy agitada. En varias veces, debido a su vehemencia a la hora de dirigir, se salió del área técnica y se pechó con el línea Carlos López que era el encargado de guardar la línea sobre la Tribuna América. Posteriormente, cuando empezó a escuchar insultos y recriminaciones que partían desde la América, abandonó dicha área y se apostó cerca del alambrado que divide al campo de juego de las tribunas, en actitud desafiante. A su vez, dos de los colaboradores de Peñarol, los populares Walter y «Tito», se pararon en la zona de la Platea América, de trás del técnico, para intentar calmar a los hinchas, cosa que generó varios entredichos.
Previo al comienzo del partido, se registraron varios saludos entre futbolistas de uno y otro equipo. El más saludado de los tacuaremboenses curiosamente no fue un uruguayo. Fue el camerunés Michel Tatap, quien fue saludado por Pablo Bengoechea y Gabriel Cedrés entre otros. Seguramente quedaron gratos recuerdos del africano, debido a su pasaje por Peñarol a principios de temporada, cuando estuvo a prueba en Los Aromos.
Otro de los saludos que para mucha gente no tenía explicación, fue el apretado abrazo entre el entrenador del Tacuarembó Fútbol Club, Ariel Krasouski y el número 9 de Peñarol, Luis Romero.
Ambos profesionales coincidieron en el club Basáñez cuando el entrenador lucía la número 5 del equipo rojinegro y mandaba en el mediocampo, mientras que el «Lucho» ya perfora las redes rivales.
Una vez finalizado el encuentro entre Peñarol y Tacuarembó, no hubo ninguna incorrección entre los protagonistas, cosa que podía esperarse debido a que hubo jugadas para uno y otro lado que fueron de tremenda violencia, sin embargo todo fue normal.
Lo que sí ocurrió y que llamó la atención fue el gesto de Gabriel Cedrés. El futbolista aurinegro le obsequió su camiseta al albirrojo, Amaranto Abascal, quien se perdió por el túnel con la suya puesta y la del minuano en sus manos.
En el tejido olímpico de la Tribuna Colombes, que no estaba habilitada, había nueve banderas. Cinco eran las de Peñarol y cuatro las de Tacuarembó. Pero el trapo que llamó más la atención, sin dudas, estaba ubicado en el segundo anillo de la Tribuna Olímpica. Sobre una tela de color amarillo pintaron el siguiente texto con pintura negra: «IAVA OCUPADO», en clara alusión a los actuales problemas que existen entre las autoridades de secundaria y el alumnado de nuestra capital.
Los capitanes de ambos equipos, Pablo Bengoechea y Darwin Quintana, se saludaron afectuosamente previo al sorteo realizado por el juez, Jorge Larrionda, en la mitad del campo de juego. Un saludo con historia, ya que los dos futbolistas coincidieron en el Peñarol de 1993 cuando dio comienzo el segundo quinquenio del equipo mirasol.
En el tejido sobre la Platea Olímpica, estaba colocada la mayoría de las banderas carboneras que generalmente se colocan en la Tribuna Amsterdam, que en la víspera no fue habilitada. Entre todos esas telas, había dos con los clásicos colores del tradicional rival.
Una era del club de baby fútbol Aviación Lezica y la otra era una enseña patria, la bandera de los Treinta y Tres Orientales.
Compartí tu opinión con toda la comunidad