Fútbol y Carnaval
Expresiones culturales arraigadas en las entrañas de nuestro pueblo. Manifestaciones populares que transitan del brazo y por la calle.
Otrora estaba establecida una ley no escrita, por la cual cada delegación deportiva que viajaba al exterior llevaba incorporada a sus maletas una batería de murga o una cuerda de tambores.
Era de recibo que así aconteciera y de tal manera, más allá del termo y el mate, esos instrumentos amenizaban las concentraciones en las competencias desarrolladas en Colombes, Amsterdam, Lima, Buenos Aires, Río de Janeiro, Londres, Helsinki, Melbourne, Tokio, Roma, Guayaquil o Santiago de Chile.
Y la consideración iba más allá del propio fútbol, porque hablamos del básquetbol o el ciclismo, por ahí el boxeo. Es obvio el hecho de que debía ser nutrida una embajada de este tipo, para tener mayores posibilidades de armar la improvisada murga o comparsa, que a través de los toques y los cánticos, hacía que los viajeros se sintieran en casa.
Ni que hablar de los deportistas que llegada la Fiesta de Momo se pintaban la cara o con una «barrica» en bandolera salían a recorrer tablados, desfiles y corsos barriales, dando rienda suelta a un espíritu plenamente identificado con nuestras costumbres y hábitos.
Y ejemplos abundan, desde José Leandro Andrade a Juan Delgado, pasando por Juan Píriz, los Chirimini, «Carajito» Vázquez, Víctor Hernández, Juancito Delgado y familia, los Rodríguez Andrade, desde Víctor a Jorge, pasando por toda la parentela.
Los Sasía, desde «Pepe, el Grande» hasta el «Colorado», sin dejar afuera a ningún hermano. ¡Vaya que eran unos cuantos!
Y a pesar de que surgen deportistas de otras ramas, es mayoritario el vínculo del fútbol con la celebración pagana.
Y aunque este mundo de la globalización ha variado nuestro modo de ser, usos y costumbres, se mantienen algunos rasgos.
La llama votiva, que es algo así como la marca en el orillo que nos va quedando.
Deshilachada pero marca al fin
Por ejemplo, la presencia de un legendario título murguero, nacido en 1928, que ha vuelto con un nivel excepcional por obra y arte de un ex futbolista, hoy director técnico.
La murga es Asaltantes con Patente y el mentor Miguel Angel Piazza. Laureado como futbolista como Campeón uruguayo, paraguayo, de América y el Mundo, pero sin perder esa esencia carnavalera que arrastra desde la niñez.
Vaya ejemplo. El otro tiene que ver con una leyenda. Incorporado con justicia al hall de la fama de la FIFA.
Múltiple Campeón uruguayo, olímpico, de América y del Mundo.
José Leandro Andrade. La Maravilla Negra. Figura de los esclavos de Nyanza. Crack en Bella Vista, Nacional, Peñarol y las selecciones uruguayas.
Tuvo una vida de ficción. Conoció los oropeles y la fama. Vivió la angustia y el drama de la necesidad, sucumbió ante las miserias humanas y terminó olvidado en el silencio de los que lo idolatraron y gritaron su nombre.
«Gloria y tormento». Así es el título que ilustra su vida, en un fantástico libro escrito por Jorge Chagas, que refleja de manera impresionante la existencia de un personaje increíble.
De esa historia se hizo eco Yambo Kenia, la comparsa de los Larraura, para armar un gran espectáculo y confirmar lo dicho en el comienzo. Fútbol y Carnaval. Expresiones culturales arraigadas en las entrañas de nuestro pueblo. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad