Hay que avisarle

Abrir la puerta

Por Enrique Yanuzzi

Uruguay, con relación a las pasadas eliminatorias, jugó ocho partidos, no estaba Brasil ya clasificado, y al término de la misma consiguió diez puntos.

El equipo dirigido por Héctor Núnez y Juan Ahuntchaín logró el 41% de los puntos en disputa que eran en total 24.

En esta oportunidad estuvieron en juego 27 puntos, Uruguay dirigido por Passarella obtuvo 14 unidades. El promedio fue del 52%.

Esto no impide sostener lo discreto que fue el desempeno celeste en este torneo clasificatorio en el área sudamericana.

Passarella se definió y mantuvo contra viento y marea un grupo de jugadores, los cuales fueron variando según las circunstancias y salvo raras excepciones la definición total del entrenador argentino, determinó un plantel casi cerrado.

Passarella nunca pensó en jugadores que estaban rindiendo en buena forma en sus equipos, aquí o en el exterior.

Por ejemplo de nada valieron los goles de Carlos María Morales en México.

Nunca se le pasó por la cabeza que el ex darsenero pudiera arrimar algunos goles que tanta falta le hicieron al equipo compatriota para mejorar su discreta campana con relación al arco rival.

Esperó demasiado para llamar al loco Abreu, lo mismo pasó con Fleurquin. A Sergio Vázquez se lo trajo y se lesionó, luego jamás estuvo en la mira.

Toda Galicia habla de Walter Pandiani, llegó como un desconocido al Deportivo y hoy es número puesto. Cuando se lesionó Darío Silva, el ex carbonero debió ser su sustituto natural por similitud de características.

Además tuvo diferentes criterios para el tema de las oportunidades. A Fabián O’Neill de bajo rendimiento lo llamó siempre, lo tuvo en cuenta y más allá de colocarlo en mi concepto fuera de puesto, su lugar en el seleccionado está seguro.

En cambio a Gonzalo De los Santos lo trajo y pocas veces lo puso. Cuando jugó contra Paraguay no hizo un gran trabajo, pero nunca tuvo revancha. Lo mismo pasó con Gustavo Poyet que estuvo llegando en los partidos preparatorios, jugó dos minutos frente a Bolivia, jugó con Paraguay y después nunca más. Todas estas son verdades, también forman parte de una definición del técnico que no comparto.

En el ambiente local, es claro que nunca pensó en Bengoechea, más allá de las conocidas virtudes del riverense. Bengoechea es un jugador de Selección, con historia propia.

Sus goles fundamentales para ser campeones de América, sus buenas actuaciones con la celeste merecieron otro trato de parte del entrenador. Bengoechea pudo ser fundamental en un plantel tan joven.

Las actuaciones individuales de Oscar J. Morales y de Marco Vanzini pidieron a gritos una oportunidad.

Nunca llegó. Parece que ahora para ir a la altura algunos que debieron estar antes, tendrán que ponerle el pecho a las balas en las cornisas de América.

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