Los jugadores salvaron la plata

El día después del partido en el Monumental de Núñez, el lunes, Buenos Aires despertó con un tema excluyente que ganó todos los comentarios de los medios informativos y de la gente en la calle.

El triunfo de Argentina sobre Uruguay le robó la primera plana a las renuncias del Chacho Alvarez y del presidente del senado Genoud. Por lo menos en la mañana, donde los «porteños» se desahogaron en los bares ilustrando sus propios comentarios sobre el encuentro. Los diarios se vendieron como «pan caliente», ya que la foto de Batistuta con la boca llena de gol, fue coincidente en las tapas.

Los bares en cada esquina, que aún mantienen la costumbre del café compartido con compañeros de trabajo, acompañado del diario matutino, transformaban cada mesa en pólemicas parecidas a los paneles de periodistas por televisión.

En general coincidían de que Argentina hizo todos los méritos para golear a Uruguay en el primer tiempo, y que esa sensación fue la que quedó cuando finalizó el mismo.

En la segunda parte esto no se dio y más allá que estaban contentos por ganar el clásico, les quedó la sensación de que su equipo no jugó bien y que pasaron cierta inquietud después que los celestes descontaron en el marcador.

Contrariamente, Uruguay puso nervioso a su rival en la parte en que el técnico celeste se equivoca en los cambios, que quizás mejor manejados se hubiese tenido otra suerte.

Jamás debió salir Recoba, esto es unánime, como tampoco debió ingresar Regueiro.

Uruguay estaba perdiendo y Abreu era el candidato natural para entrar, y que por fin Recoba se retrasaría y jugaría en el puesto que más cómodo se siente. Con «el loco» se ganaría en el peso ofensivo en el área rival y con los arranques vertiginosos del «chino» desde atrás.

Pero por encima de todo esto, y pese a las variantes que introdujo Passarella, Uruguay no logró inquietar a Burgos y extrañamente Argentina se frenó y no pudo jugar como lo hizo en la primera parte.

Por eso la conclusión de que los jugadores «salvaron la plata», pues el técnico a nuestro entender se equivocó, pero sin embargo por sí mismo los muchachos dentro del campo pusieron la entrega suficiente como para evitar lo que parecía podía ser una goleada.

El gran mérito de perder fue hacerlo dignamente, no permitiendo que la ventaja fuera superior, logrando que la derrota clásica fuera mínima.

Bielsa después del partido explicó totalmente convencido que el resultado fue «mentiroso» y que debió ser por dos goles o más, ya que según su óptica, fue lo que se reflejó en el campo de juego.

En la polémica del bar coincidían con Bielsa, hecho que dentro de la tristeza de la derrota, por lo menos rescatamos lo positivo, de que también los argentinos valoraron el esfuerzo de los jugadores uruguayos en el segundo tiempo que con rebeldía y mucho orgullo frenaron al rival.

Lembo no aguantó más y sacó a la manija albiceleste del campo, hecho muy comentado también como justificativo de que el local no pudo convertir más goles. Tan así fue, que Bielsa se enojó con el médico porque no le dijo que Gallardo podía continuar y lo sacó. De allí en más Argentina no fue lo mismo.

La polémica se cortó cuando uno de los componentes de la tertulia recordó la hora y la oficina los reclamaba. En la calle los gestos describiendo el partido continuaban mientras avanzaban por la tradicional pateonal Florida.

El mozo se acercó para retirar los posillos y ante mi soledad en la mesa contigua, comentó: «Estos se creen todos técnicos, lo importante es que le ganamos a los yoruguas, pues si nos llegaban a empatar, hoy (lunes) se armaba un lío barbaro».

Clara definición de lo que pudo suceder si hubiesemos encarado el segundo tiempo de otra manera, pues no estuvimos cerca de empatar, sólo aguantamos que la diferencia en goles no fuera superior.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje