Martín Cánepa entró en la historia más rica de la Fórmula 3 Sudamericana
La categoría más encumbrada a nivel subcontinental, en cuanto a monopostos se refiere, retornó nuevamente al hermoso y condimentado circuito de Piriápolis. Ese que reunió todas las condicionantes para emplazarse como uno de los más pintorescos de Sudamérica y que brindó un diagrama sumamente completo, reuniendo en 2.600 mts., curvas rápidas, lentas y tramos de buena velocidad.
La Fórmula 3 Sudamericana, nos brindó la posibilidad de festejar en casa un título que se nos había negado durante mucho tiempo.
Desde la vieja Fórmula 2 Codasur que transitara en reiteradas oportunidades por el circuito también callejero de Punta del Este y por el Autódromo de El Pinar hasta estos días, nuestro país pudo festejar en 16 oportunidades la victoria en carrera, pero sin poder llegar a eso tan anhelado, el ser monarca de la categoría.
Esta Fórmula 3 Sudamericana, de brillos intensos y de épocas opacas, se presenta hoy como una categoría que en su Clase A, la más importante, nos ofrece una lucha absoluta entre Brasil y Argentina, relegando a nuestro país a conformarse con participar en la Clase Light, la que tiempo atrás se denominara Clase B.
Mucho se habla de aquellas jornadas clasificatorias instauradas por Ancap con el fin de sacar dos pilotos representativos para esta categoría y que, definitivamente, escaso presupuesto mediante, desembocó en la participación de Cánepa en la Clase Light. ¿Y sabe una cosa? Menos mal que ese presupuesto pomposo del cual se hablaba, finalmente no llegó, aunque también hay que ser justos y decir que, por aquel entonces, me había molestado el hecho de que se hablara y no se hiciera, porque las cosas se deben realizar como en el transitar ascendente de un ser humano sobre una escalera; escalón por escalón.
Es preferible aprender en una buena escuela para luego tener una actuación destacada en el liceo y eso es lo que se debe hacer con Martín Cánepa. Permitirle conocer al máximo la división menor y luego sí, ascenderlo para ir en busca de mayor experiencia, mayor potencia y de mayores y mejores anhelos, esos que hoy nuestro país está buscando plasmar en el exterior en cuanto a la actividad pistera se refiere.
Por eso, luego de mucho tiempo y como ocurrió muchos años atrás, cuando Passadore casi extenuado giraba sus últimos metros sobre el circuito de Punta del Este y cuando aún vivía la Fórmula 2 Codasur, escuchamos un grito que en la pista uruguaya no sonaba desde aquella hermosa tarde de febrero de 1999, cuando aquel joven triunfador, lleno de garra y vergüenza, sobre un BMW en la Copa de las Naciones, nos hizo gritar con orgullo: ¡¡Uruguay nomás!!
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