El libro del Picaflor
Picaflor, ¿qué novedades tiene para hoy?
Usted no se imagina la polvareda que levantó en la interna de Peñarol el libro del Troquílido del pasado viernes 26 de enero. Hubo reacciones inmediatas relacionadas con la denuncia de la desaparición del acta de la renuncia de los consejeros de Peñarol, especialmente la de Juan Pedro Damiani.
¿Qué pasó?
Ardió Troya. Hubo dirigentes del oficialismo que se sintieron agraviados y le comentaron al plumífero que hay gente del club que está perjudicando a la institución. «Esto que te dijeron no se ajusta a la verdad. El procedimiento de las actas es cristalino. Todas las actas del Consejo Directivo de Peñarol están archivadas en la computadora.
El día de la sesión se imprime una copia para que no empapelen la ciudad, la repartimos para que cada consejero de su opinión, haga las observaciones del caso, se aprueban o no y luego se archiva en una carpeta.
Por lo tanto, decir que falta el acta de la reunión del Consejo donde se trató la renuncia de los compañeros, es una maldad, una travesura y no se ajusta a la verdad. Nadie se llevó el acta, nadie la escondió, no hay corrupción ni falta de cristalinidad», aseguró un dirigente que le pidió reserva al plumífero porque no quería generar polémicas públicas con otros compañeros.
Los periodistas deportivos insisten en la crisis política en Nacional pero en tiendas Manyas, no se quedan atrás, ¿eh?
Hay mucha tensión. Los damianistas están a muerte con el contador pero hay gente que cuestiona su actuación. Además, no está claro el rol que están jugando algunas personas que están incidiendo en las decisiones del club pero no tienen legitimidad para hacerlo, como los renunciantes Juan Pedro Damiani y el escribano Edgar Welker. Y con ellos dos hay malestar y calentura porque dicen que «se bajaron del barco apenas salimos del puerto y ahora quieren capitanearlo desde afuera…»
Escuché que el contador Damiani dijo que no iba a poner más plata para los sueldos de los jugadores.
No es la versión correcta de los hechos… Paolo Montero llamó al contador el jueves pasado y le recordó que estaba finalizando el mes y no habían cobrado el presupuesto de diciembre. El capitán expresó preocupación porque hay muchachos que ganan poco, que recién empiezan y no tienen dinero para terminar el mes.
Según le comentaron al plumífero la respuesta del contador fue: «Haceme una lista con los nombres de los muchachos que están necesitando plata, que pasen por mi escritorio que le voy a pagar». Lo que pasa es que el contador tiene tres palos verdes metidos en el club, no hay alternativas financieras, todo el mundo habla, opina en el Consejo pero a la hora de poner la plata el único que aporta soluciones es el presidente. La línea de crédito se disparó a tres millones de dólares y la garantía es el contador…
Para que usted tenga una idea, en 1999-2000, la línea de crédito de Peñarol superaba apenas los U$S 100.000, seis años después, se multiplicó por treinta. En Peñarol, esta es la madre del borrego. La guita, viejo, la guita… *
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