El gato negro cruzó la cancha
Aproximadamente a las 17.45 horas la selección uruguaya arribó al hotel Cesar Park, en la calle Posadas 1232, donde espera el encuentro de esta tarde. Un puñado de periodistas, varios hinchas y algún curioso que acertó a pasar por ahí, fueron el cortejo para que los muchachos hicieran el ingreso al moderno edificio. Apenas hubo tiempo para una ducha y una merienda liviana, ya que al rato debieron partir rumbo al estadio Monumental de Núñez, complejo de River Plate, para realizar el reconocimiento del mismo. También en la entrada del coloso aguardaban las cámaras de televisión la llegada de la delegación, y cerca de cincuenta periodistas de distintos medios, ya que los argentinos marcaron una fuerte presencia en el estadio.
Cuando faltaban 27 minutos para las 20 horas, las luces azules de los patrulleros rompieron la noche abriendo el paso por la Avenida Alcorta y el movimiento se hizo más intenso. Dos patrulleros, estratégicamente colocados uno delante y otro detrás escoltaban el ómnibus blanco y rojo de la empresa Chevallier, número 8630, que transportó a los jugadores. Los hinchas que también llegaron al Monumental alentaron agitando banderas el ingreso de los jugadores al estadio, pero la seguridad no les permitió el ingreso. Uno de los jugadores que más sintió el apoyo del público fue Sebastián Abreu, quien apareció con un nuevo look, como es característico en él, con una línea muy finita de barba, que lo hizo objeto de las bromas. Detrás del ómnibus y el patrullero, dos coches particulares entre los que divisamos a los dirigentes Bellomo, Magurno y al técnico de Deportivo Maldonado Eduardo Acevedo. Por último un pequeño micro con todos los periodistas y funcionarios de Tenfield cerraban la caravana.
Distención y jueguitos
Minutos después ya dentro del campo de juego, que solo mostró un 40% de su red lumínica encendida, el plantel se dividió en varios grupos que realizaron movimientos con pelota. Sin ningún tipo de rigor o esquema, los jugadores se dispersaron por el terreno. Mientras Magallanes y Olivera preferían rematar sobre uno de los arcos, en el opuesto el Chino afinaba la puntería midiendo los palos. En el centro del campo, Passarella conversó casi todo el tiempo con Sabella observando a los muchachos, luego se acercó a un grupo que integraban Pablo García, Guigou, Darío Rodríguez, Recoba y sentó en el campo junto a ellos para conversar.
En determinado momento, desde la tribuna principal rumbo al campo, muy campante y con total tranquilidad un gato negro, cruzó un sector de la cancha ante la atenta mirada de todos. Algunos hicieron «cuernitos» con los dedos de su mano, mientras que los menos supersticiosos prácticamente no le dieron importancia. Claro está no faltó la broma de quien dijera que lo mandó Bielsa para afectar la suerte de Uruguay. Cuarenta y cinco minutos después, el cuerpo técnico dio la orden y los jugadores comenzaron a desandar el camino rumbo al ómnibus y el hotel. El espía de Bielsa no pudo ver mucho, (ver recuadro aparte) prácticamente nada y su ida hasta Núñez fue en vano.
Cobertura Especial por nuestros enviados a Buenos Aires)
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