Por celeste, querendona, porfiada, caprichosa y milagrosa…
Quienes nacimos y crecimos con un sentimiento color cielo, inconscientemente, nos alejamos de la razón pretendiendo que el azar, una vez más vuelva a ser el aliado de esta Selección celeste.
Como consecuencia de su confusión futbolística, su técnico está desorientado. Y se empantanó solo, no por falta de capacidad sino por tomar los mismos caminos de quienes lo antecedieron.
El equipo no muestra solidez defensiva y en la zona de transición no hay fluidez de juego; ofensivamente, repetimos los errores de siempre, o lo que es peor, nuestros puntas juegan de espaldas al arco contrario, no los asisten con desbordes y la pelota generalmente les llega comprometida.
No tienen jugada de pelota quieta definida, tampoco hay salida clara por las bandas laterales; el pressing lo hacen donde los dejan y no donde quieren. Por lo tanto se acumulan los errores y los aciertos casuales son cada vez más espóradicos.
Con un oscuro panorama táctico, sin una definición estratégica en la integración del equipo, vuelven a jugar Recoba y Magallanes juntos, en un sector del campo donde no se habitúan por sus naturales condiciones.
¿Dónde van a encontrar la sorpresa?, ¿y la contundencia?, ¿la velocidad? Somos tan «perejiles» los uruguayos que seguimos creyendo en Melchor, Baltasar y toda esa gente.
Por otra parte nos están atomizando con la noticia del día, que se va Passarella, que se queda. Como si el resultado del domingo dependiera del técnico argentino y distraen la atención con detalles menores. Un técnico con tan poca influencia en su plantel, con tan endebles argumentos por lo expuesto, tan sólo le resta rezar.
El próximo domingo Uruguay se juega toda la posibilidad de refrendar otra vez más las viejas consignas celestes de meter y sufrir. La gloriosa camiseta pasará por otra instancia donde los pronósticos, con serias reservas, descalifican a nuestro team.
Pero la historia, a la que pocos le adjudican la importancia real de un peso que confunde y desequilibra cualquier pronóstico razonable, le hace temblar la soberbia y no se animan a decir lo que piensan.
Si nos despachan con un 3-0 se reflejarán sus pensamientos, donde hablarán de lógica con toda la «levadura» que acostumbran a vertir cuando tienen viento a favor nuestros hermanos del Plata.
Rivales irreconciliables de todas las épocas, somos iguales pero absolutamente diferentes.
Ganarles a los argentinos es sumamente disfrutable y representa para el fútbol uruguayo el máximo logro y muchas veces la razón no cuenta para estos clásicos rioplatenses.
Si nos traemos un triunfo de Argentina, traeremos también la clasificación en el bolsillo.
Es difícil, dificilísimo, pero consecuentemente ellos sienten la misma ansiedad y las mismas dudas de siempre cuando enfrentan a la camiseta de los milagros. Como en el 30, en el 42, 57, 67, 87, etcétera si este equipo concilia los argumentos espirituales con la calidad manifiesta de los Recoba y Cía. mañana la convocatoria –como antes, como ahora y como siempre– será en 18 de Julio.
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