El Libro del Picaflor
— Troquílido, Troquílido, arde Troya y no se salva nadie.
— Impresionante. El barco navega por aguas turbulentas y la tripulación corre riesgo de hundirse. Impresionante, el tablero político del fútbol se agitó y las consecuencias son imprevisibles.
— La dirigencia de Nacional sacó los tanques a la vereda de 8 de octubre.
— LA REPUBLICA lo adelantó el viernes pasado. Como tantas veces, volvió a demostrar que sus fuentes son confiables y pegó en el blanco una vez más. El lunes de noche, el horno no estaba para bollos porque lo que poca gente sabe es que la resolución final que emitió la directiva fue atenuada por la intervención de varios dirigentes.
— A usted le parece que una resolución de retiro de confianza política a un dirigente es atenuada, como afirma usted.
— Mucho peor hubiera sido que la directiva tricolor pateara la Mesa al diablo y le exigiera la renuncia a Washington Rivero, Carlos Jaurena y Mario Gallo.
— ¿Pensaron pedirle la renuncia a los integrantes de la Mesa?
— Sí señor. Los principales dirigentes (Iocco, Muxí, Magurno) querían exigir la renuncia de la Mesa Ejecutiva a través de una resolución. Posteriormente, surgió el retiro de confianza porque los dirigentes evaluaron que podían quedar pegados, si Rivero y Jaurena se mantenían impertérritos en sus sillones.
— Figueredo le tiró un misil por elevación, ayer de mañana, cuando habló con Da Silveira.
— Un misil que en Nacional cayó como un balde de agua fría porque, irónicamente, Figueredo le hizo ver a los dirigentes de Nacional que el retiro de confianza a la Mesa Ejecutiva no servía para nada porque no «significa nada». «¿Qué es retirar la confianza?» preguntó Figueredo mientras dialogaba con el Toto Da Silveira.
— En parte tiene razón. La Asamblea de Nacional censuró a Figueredo y al Ejecutivo en mayo de 1999 y la propia directiva de Nacional violó la decisión del órgano soberano.
— Tiene toda la razón del mundo. Y Figueredo se refirió a aquella Asamblea de mayo del 99. Entre los comentarios que hizo, recordó que «la Asamblea de Nacional nos retiró la confianza a nosotros (se equivocó feo porque lo que resolvió la Asamblea fue un voto de censura a su persona y el resto del Ejecutivo), después las cosas volvieron a la normalidad, las relaciones se reanudaron y Nacional terminó designando a Ache en el Ejecutivo y estamos trabajando muy bien con todos ellos» (los dirigentes de Nacional).
— Los hechos están a la vista de todos.
— Pero mire que la actual dirigencia de Nacional, llegado el momento va a pagar el alto costo político por no haber respetado la resolución democrática de la Asamblea General. Ese fue el mayor desacato que una directiva de Nacional adoptó en los más de 100 años de vida de la institución… Fíjese usted que el soberano le censuró a Figueredo & cía y los dirigentes de Nacional hicieron caso omiso y desoyendo al máximo órgano político de la institución, reanudaron las relaciones con aquellas personas que la Asamblea había condenado por su actuación en el negocio de la venta de los derechos de televisión del fútbol uruguayo.
— ¡Esto es muy grave!
— Políticamente, es muy gave pero acá la palabra la tienen los mismos socios que por unanimidad adoptaron la resolución y sus representantes no la hicieron cumplir. Figueredo fue muy astuto cuando hizo el comentario al Toto Da Silveira aunque algunos dirigentes de Nacional que lo escucharon, se agarraron flor de calentura. «Este no sólo se ríe de nosotros por la resolución que votamos sino que también nos mete el dedo en el traste» le comentó un dirigente bolsilludo al plumífero. ¿Qué tal?
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