El Libro del Picaflor
–Picaflor, ¿ vio que Pouso se quedó en Inglaterra?
–Una muy buena noticia para el jugador y para los dirigentes de Peñarol que hicieron un gran negocio a través del fondo de inversión que formaron para reforzar el equipo. Los que están calientes con Gregorio Pérez, el contador Damiani y los consejeros que no participaron con capital accionario cuando adquirieron el paquete, a comienzo de año.
—¿Cuánta guita le ingresa a Peñarol por el pase del volante?
–Desde el punto de vista contable, los U$S 450.000 ingresarán al libro, quedará asentado el dinero pero inmediatamente, irá a parar a la cuenta de la sociedad anónima panameña «sin fines de lucro»— que es la propietaria de los derechos económicos de los futbolistas Pouso, Vignieri y Flores… Los que están tirando cohetes, en este momento, son los dirigentes que pusieron guita en el Fondo de Inversión que ya recuperaron el 60% de lo que pusieron y siguen siendo socios de una futura venta de Pouso.
—¿Quiénes son los agraciados dirigentes?
–Vaya paradoja del destino, los que renunciaron… Juan Pedro Damiani, el escribano Edgar Welker, Ruben Marturet, el doctor Jorge Campomar y el arquitecto Atijas. Por ese motivo el Consejo Directivo no se opuso a la venta de Pouso cuando sólo transcurrían dos fechas del Campeonato Apertura; porque los favorecidos iban a ser sus ex compañeros del consejo.
—Perdón, pero ¿no hay una ley que prohíbe que las personas físicas…?
–Sí señor. La ley está vigente, es la 14.996, pero los dirigentes uruguayos se han caracterizado por burlarla en forma permanente porque el Ministerio de Turismo y Deporte mira para el costado. Y esto ha ocurrido en los gobiernos colorados, blanco y el actual del Encuentro Progresista. Todos los gobiernos de la apertura democrática han sido omisos en el cumplimiento de la ley.
—Cuando la gente dice que hay dirigentes que se acercan al fútbol a currar, tienen razón ¿no?
–No tenga la menor duda… Muchos se acercan al fútbol a colaborar, ponen plata de su bolsillo, hipotecan su patrimonio personal. Otros –menos mal que son los menos– llegan al fútbol con espíritu lucrativo. Fíjese usted que tres de los inversionistas de Peñarol, Juan Pedro Damiani, Ruben Marturet y el escribano Welker renunciaron a los pocos meses que fueron elegidos, hicieron un negocio que está prohibido por una ley que es de orden público y ahora, son los primeros en agarrar guita del pase de Omar Pouso a Inglaterra. Una vergüenza nacional…
—En todo caso, la vergüenza es Peñarol.
–Tiene razón… Hablando de Nacional, El Picaflor está procesando información muy jugosa vinculada con los bolsos que siguen con bolonquis internos como consecuencia de algunas decisiones que adoptó en forma inconsulta el ex presidente y actual miembro del Ejecutivo, el economista Eduardo Ache. «Nacional está arriba de un polvorín», le comentó un informante al Troquílido. *
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