El libro del Picaflor

— Picaflor, lo vi muy entusiasmado, hablando con sus amigos ayer en el Sheraton.

— Los amigos son amigos y punto. Pese a que hay personas interesadas en ensuciar la cancha, inventar novelas, agraviar sin pruebas, El Picaflor recibe el testimonio permanente de gente del fútbol que lo estimula a no bajar los brazos.

— La fiesta estuvo fatal.

— Excelente, pero toda esa información, está en la página 38, ahora si usted quiere que el Troquílido le pase algunos chimentos, con mucho gusto.

— Adelante, adelante.

— La nota de la fiesta fue cuando las autoridades de la AUF subieron al escenario a agradecerle al director artístico de Los Fatales el excelente tema que compuso en homenaje al fútbol juvenil. El primero en testimoniar su agradecimiento fue Nelson Spillman quien subió al escenario con una hermosa reprodución en bronce, de la Torre de los Homenajes, de unos 40 centímetros de altura. El segundo fue el titular de la AUF.

— ¿Qué le regaló don Eugenio?

— Otra hermosa réplica de la Torre de los Homenajes, minúscula, que según comentó a la concurrencia, fue hecha para premiar a las autoridades y amigos de la AUF, en sus 100 años de vida.

— El que no quiere sopa, dos platos, ¿no?

El Picaflor, estaba ubicado en una fila lateral del auditorio y escuchó a un invitado decir: «Â¡Qué falta de originalidad tiene Figueredo! Cómo no va a coordinar con Spillman el obsequio que le va a entregar al Fata (Fabián Delgado). Quedó recontra pegado. ¿Dígame una cosa Picaflor, en la AUF no hay un gerente de Relaciones Públicas?, preguntó el curioso invitado al plumífero.

— ¿Y usted qué le contestó?

— Qué en realidad la AUF tiene una Comisión de Relaciones Públicas para los grandes eventos pero no para esos casos puntuales. Cuando Spillman apareció en el escenario con el armatoste de la Torre entre sus manos y Figueredo asomó detrás con la miniatura, parecían el gordo y el flaco. El «Fata» agradeció emocionado el regalo de Spillman, dijo que siempre soñó con recibir ese regalo tan preciado y distinguido pero cuando vio a Figueredo con la «torrecilla» quedó como Tarzán en Gorlero en pleno enero: sorprendido.

— Los grandes ausentes fueron los directores de Tenfield.

— Exactamente. Igualmente hubo varios representantes de la empresa como el «Vela» Yern, Hebert Revetria, Alberto Bica y otros dependientes de menor jerarquía. Como comentó el mismo invitado que ironizó la falta de originalidad del presidente de la AUF, «los muchachos de la banda no faltan nunca». En fin.

— Spillman volvió a confirmar su inigualable capacidad de convocatoria, ¿verdad?

— Impresionante. Volvió a reunir a más de un centenar de personas, dirigentes de todos los clubes y varios jugadores de la Sub 20 de Malasia. Allí estuvieron Fabián Carini, Gustavo Munúa, Fabián Coelho demostrando una vez más su agradecimiento a todo lo que Spillman hizo por ellos.

— ¿El Consejo Ejecutivo estuvo en pleno?

— No, no. Además del presidente, El Picaflor, pasó lista y marcó asistencia al doctor Jorge Almada y al economista Eduardo Ache. El doctor Pastorini y Juan Pedro Damiani faltaron sin aviso. De la Mesa Ejecutiva de Primera División sólo asistió Carlos Jaurena y de la Segunda División el plumífero no vio a nadie lo que no quiere decir que alguno de ellos haya compartido la fiesta.

— ¿Hubo algún comentario que digamos, se robó la fiesta?

— Sí, sí. Muchísimos de los invitados vinculados al fútbol le comentaron al Troquílido que Figueredo está ensuciando la cancha y a todos lados que va, intenta desacreditarlo. A la vez decidió estrechar filas para cortar la relación con los principales dirigentes de los clubes de modo de impedir el flujo de información.

— ¿Y?

— Eso es lo mismo que intentar tapar el sol con la mano… Imposible, presidente, imposible. El consejo que se atreve a darle el plumífero es que invierta esas energías en administrar mejor a la AUF que está fundida y esa parece ser la mejor herencia que dejará su presidencia.

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