Liverpool retoma su ritmo cotidiano después de Anfield

Finalizada la contienda Inglaterra-Uruguay del miércoles los liverpoolenses vuelven hoy a su quehacer diario. Los trabajadores caminan a paso apurado, como tratando de cubrir la falta de trabajo el día del partido.

De la ciudad fantasma pre-partido del miércoles, al ruido cotidiano de hoy, el cambio es fantástico. Liverpool siente al fútbol en el corazón. Y los fanáticos de la redonda se acercaron a esta ciudad desde todos los rincones del país.

Conocimos a gente de Blackburn, de Norwich, de Londres y de otras ciudades, que viajaron cinco y seis horas en tren para estar presentes al pitazo inicial. Con el mundial a solo 100 días, ya hay fiebre de fútbol en Inglaterra. Este verano promete máximas temperaturas.

El estadio estuvo colmado al máximo con 41.000 fanáticos. En la ciudad, los alojamientos hoteleros se agotaron 24 horas antes del encuentro. Partizanos ingleses visitantes tuvieron que alojarse en la vecina ciudad de Manchester, a casi cien kilómetros de distancia. Menos mal que era solo un amistoso.

En Liverpool mismo, nadie se perdió el partido, ya sea por TV o en el estadio. Taxistas, recepcionistas, peatones, policías, todos comentaban la actuación de la escuadra inglesa minuto a minuto.

Todos elogiaron el golazo de Pouso, que quedará para la historia de la ciudad, como uno de los mejores goles que vio Anfield.

En el medio de este trajín, Uruguay no desentonó. Pero fue apenas un buen «sparring», de acuerdo a la opinión de la prensa. Vamos a no engañarnos, el fútbol mundial no nos toma en serio. Algunos nos llaman «los aristócratas venidos a menos», otros nos acusan de vivir de viejas glorias. Nadie se sorprendió cuando Australia logró la clasificación para Alemania.

Para los cronistas peso-pesados de los grandes diarios como el «Times», «Daily Mail», «Independent» y «Sun», Uruguay tocó bien y complicó el partido pero solo aprovecharon esa circunstancia para caerle duro a algunos seleccionados de su país. La prensa inglesa no perdona una. Así lo exige el público que paga la entrada y compra las camisetas de sus héroes.

Para que Uruguay vuelva a ser considerado un «cuco» internacional como lo es Argentina o Brasil, nuestro fútbol precisa de algo más que algunos retoques estructurales. Precisa definición total de sus ambiciones y de la forma de alcanzarlas. Hace tiempo que no es suficiente con la garra charrúa o los pergaminos de Maracaná. Pero igual seguimos durmiendo en un mundo que ya no existe más.

En 2001 la poderosa prensa inglesa le lanzó un ultimátum a la asociación de fútbol de su país. Varios titulares indicaron que «el fútbol no es el deporte nacional por gracia divina sino por deber cumplido», indicando con ello, que el pueblo podía perderle la fe a ese deporte, y la prensa, su apoyo. Algo parecido con lo que está pasando en Uruguay hoy. Casi.

De acuerdo al cronista del Sunday Telegraph, «me gustó el número 3 (Lugano) y el 11 (Regueiro). También, como siempre, Forlán. Uruguay hizo buen juego».

El fans Caspar Delaney comentó: «En el segundo tiempo Uruguay hizo un típico juego de visitante que gana 1-0. La iniciativa en ese caso corre por cuenta del locatario. El segundo gol a los 90′ fue inesperado para todos». Cierto. Pero en los últimos veinte minutos Uruguay no pasó la mitad de la cancha.

Los cronistas rescataron la actuación de Peter Crouch del Liverpool FC que con el primer gol se ganó su pasaje a Alemania. El otro para el elogio fue Joe Cole, del Chelsea, que jugó todo el partido, proporcionó el pase-gol de Crouch y anotó el de la victoria en los descuentos.

Desde el punto de vista táctico, el toque seguro y creativo que Uruguay hizo en el mediocampo fue inesperado para los locatarios. Eso le quitó ritmo a Inglaterra y algunos, como Beckham y Rooney, se frustraron.

La plancha de atrás que Beckham le metió a Regueiro no fue casual. Vamos a no pecar de ingenuos.

El inglés es el jugador más expulsado en la historia de las escuadras de su país. En un mundial, esa infracción podría haberle costado una ducha prematura.

Beckham, como capitán, pensó que algo tenía que hacer para cortar la inspiración dominadora de la defensa y el mediocampo uruguayo. Como jugador creativo, su peso hoy en día ya no es el mismo que antes y no le quedó otra alternativa que tratar de sacar en camilla al once uruguayo.

Mañana Uruguay ya no va a ser mencionado más por la prensa inglesa. Anfield pasará a la historia olvidada como otro partido de calentamiento mundialista entre las dos escuadras. Le corresponde a Uruguay buscar soluciones para que se lo tomen en serio en el ambiente mundial futbolero. El hincha nuestro se merece eso y mucho más. Se merece que lo respeten. *

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