¿Quiénes apuntalan caprichosamente y por qué a la peor administración de la historia del fútbol uruguayo?

Con varios récords imposibles de empardar, el más notorio de todos fue dejar sin clubes de fútbol a toda la zona comprendida desde Comercio y Av. Italia hasta Carrasco.

No se salvó ni su querido Huracán Buceo, club por el que se rasga las vestiduras, que coincidentemente, durante su mandato asociacionista y por «chirolas», al simpático Topo Gigio lo raleó de toda competencia.

Imaginamos que alguien muy inteligente postergó el alejamiento del Sr. Figueredo no más allá de la eliminación de Uruguay de la Copa del Mundo, pues podría ser muy engorroso comenzar una reestructura que no tolera un mínimo de postergación.

Presiento que esta resolución, avalada por la mayoría de los clubes, muestra, como en el truco, señales que debemos interpretar como positivas si va a ser momentánea, y absolutamente negativa ante la más mínima posibilidad de un intento de continuismo.

Seguramente que marcar errores en los momentos de mayor crisis es de un facilismo por el que no quiero transitar. Es más, desearía que Uruguay clasificara y que el pequeño gran gladiador pudiera seguir usufructuando de su cargo en la AUF; más, si ello aconteciera, me retiraría definitivamante de todo lo que tuviera que ver con el fútbol de mí país.

Nos han inculcado a todos los que de una manera u otra participamos colectivamente en conseguir un logro para nuestra Selección o nuestros clubes, que todo fue el resultado del entorno y no de los que participamos en dichas gestas dentro de la cancha. Escuchamos en un programa radial deportivo las declaraciones del magnífico Carlos Aguilera, cuando haciendo referencia a su pupilo, la más destacada proyección individual de los últimos 20 años en nuestro fútbol, el excelente «Cebolla» Rodríguez, manifiesta que el jugador mientras permaneció en esta situación de rebeldía fue amparado físicamente por dos «fenomenales preparadores físicos». Tal es la sugestión, que el «Pato» tampoco se da cuenta de que el fenómeno fue él, que descubrió, ambientó, cobijó y depositó toda su confianza en un jugador cuando apenas salía de la cáscara.

Cuando todos se endosan los descubrimientos de tal o cual, quienes realmente poseen la idoneidad necesaria para captar valores en ciernes se autopostergan, aún en los casos que rompen los ojos.

En la próxima reestructura, los cargos técnicos deberán recaer, naturalmente, en quienes poseen una trayectoria al más alto nivel.

Los mediocres deberán permanecer al margen, pues si no estaremos corriendo el riesgo de seguir dependiendo de estos operadores modernos, que a través de sus desacertadas decisiones eligen y califican según sus posibilidades de seguir incididendo, debido a la personalidad permeable de sus elegidos, y descalificando a quienes confronten sus opiniones.

Nos estamos acostumbrando a perder, con disculpas inadmisibles.

La reciente presentación de la Sub 17 en Brasil, previo al Campeonato del Mundo de la categoría, mostró que los once titulares de Uruguay poseen pasaporte comunitario.

Por favor, no nos agarren de «nabos». Deberemos estar atentos, y más que estar atentos, seguir pautas donde la transparencia jamás esté en dudas. *

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