¡Qué bien que les viene el clásico!

Cuando deberían estar replanteándose los mecanismos desgastados y obsoletos de nuestro fútbol, cuando debemos permanecer, una vez más, fuera del próximo campeonato del mundo de Alemania, el capricho o la casualidad del fixture de un campeonato sin motivaciones, les brinda la oportunidad de distraer la atención hacia el único evento que todavía genera cierta expectativa, el clásico Peñarol-Nacional.

No es que la expectativa esté sustentada en el excelente juego que vienen desplegando los tradicionales rivales, todo lo contrario, la historia ancestral es la plataforma principal donde sólo el legado de nuestro mayores puede fortalecer esta transición generacional, basada en este simple sentimiento compartido por la mayoría de los orientales, por las dos místicas camisetas que convocaron, convocan y convocarán, más allá de los negativos resultados que logra la otra casaca, la que queremos todos, la milagrosa celeste, cada vez más distante de los milagros.

Este clásico ejercerá, sobre la afición futbolística del Uruguay, un efecto sedante; inmediatamente a la finalización del partido por la Eliminatoria, comenzó la promoción del mismo, tratando de hacer olvidar la decepción generalizada que produjo este flojo trabajo de nuestra selección, que trajo consecuencias tan nefastas como la eliminación de un mundial.

Pero lo que llama realmente la atención son las pretendidas formas de alentar, todavía, una mínima posibilidad de un quinto puesto, que a su vez permitiría, como en el mundial anterior, una repesca sostenida de las pestañas, que ofenden la inteligencía de todos los que de una manera u otra estamos vinculados a un fútbol lleno de glorias, cada vez más distante del fútbol mundial de alta competencía. Imagino que la renuncia ética del presidente de la AUF se da por descontada, ni el clásico puede atenuar la peor de las gestiones de un presidente de la que se tenga memoria; el proyecto, si es que existía, de la era Figueredo, finaliza con el peor de los fracasos y sin la esperanza, siquiera, de haber acumulado experiencia.

Peñarol y Nacional protagonizarán un partido que ofrece dos claras alternativas; el tricolor, jugando fácil, tratando de poner la pelota detrás de los laterales aurinegros para el posterior centro, donde la efectividad y la contundencia en el juego aéreo de Abreu y Gabriel Alves le brindan a Nacional un plus muy especial. Por el contrario, Peñarol deberá establecer un juego muy bien elaborado si pretende alzarse con el triunfo, y en el afán de encontrarnos con un partido entretenido deberemos observar la formas de control sobre Marcelo Tejera. Imaginamos a O.J. Morales volcado sobre la izquierda con una referencia directa sobre el volante aurinegro; en este planteamiento táctico no cabe la monotonía, a pesar de la diferencia individual, donde las ausencias del magnífico Carlos Bueno y de Cristian Rodríguez disminuyen considerablemente las posibilidades de Peñarol. Creo que la mesa está servida para el banquete tricolor; por supuesto, dejamos un margen considerable en el que las apreciaciones del árbitro Martín Vázquez pueden resultar decisivas para el resultado final… *

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