Solamente nos pueden salvar las individualidades
La recurrencía en casos similares, frente a los venezolanos, nos da una superioridad ostensible; la inmediatez de los resultados recientes, nos es notoriamente desfavorable. En la eliminatoria pasada nos atendieron en Venezuela y por supuesto en la que está en disputa; por escándalo, nos ganaron en el Centenario, marcando un hito histórico, desvaneciendo una vez más el concepto de invulnerabilidad que por décadas ostentó nuestro fútbol en el estadio.
Establezco una singular cautela en la pretensión de adelantar un resultado favorable, que en otras circunstancias, no dudaría de inclinarlo en favor de la milagrosa camiseta celeste, a pesar de la confusión táctica por la que atrevesamos; no logro percatarme ni siquiera imaginarme, a lo que vamos a apostar, para por lo menos traernos cuatro puntos, que si no llegarámos a conquistarlos, estaríamos una vez más fuera de toda posibilidad de competir en el próximo mundial de fútbol.
La realidad es en este deporte muy dura, establece que estamos disputando un quinto puesto, para luego sí, jugar un último y decisivo partido para la tan anhelada clasificación; de una vez por todas habría que tratar de salir de esta angustiante situación, por la que debemos atrevesar cada vez que nos toca jugar las eliminatorias.
Debo admitir mi ignorancía, pues ni siquiera percibo las formas de integración del equipo; hemos pasado por toda clase de figuras tácticas, desde la desmedida vocación de ataque, que resaltaba la forma de jugar de J.R Carrasco, hasta esta conjunción funcional que pretende el actual técnico de nuestra selección; todo ello nos hace decir que la única posibilidad real de éxito está afincada en el excepcional momento por que pasa Diego Forlán, su contundencia goleadora, su vocación ofensiva, con un llamativo afán cooperativo que puede contagiar y establecer los esquemas básicos tan necesarios en estos momentos límites por los que deberá transitar nuestro combinado.
La obligada ausencía de Pablo García, también juega en nuestra contra, pues el Pato Sosa, con su acostumbrado despligue y entrega, pero con un desmesurado traslado de pelota, deja al equipo expuesto a continuos mano a mano, frente a una última línea defensiva donde la velocidad no es, precisamente, una de sus virtudes; la confirmación de la titularidad de Paolo Montero, a pesar de la poco competencia en su club, le brinda al conjunto un plus muy importante. El capitán celeste influye en compañeros y rivales en una misma proporción, por eso lo del título de esta nota; como ahora, nunca la dependencia del rendimiento individual es absoluta.
Todos los uruguayos bien nacidos estamos emparentados por un sentimiento único e intransferible de amor por nuestra querida enseña, quizás la frivolidad de estos nuevos piratas modernos en torno de nuestro fútbol, seudocontratistas, le ponen una tibieza disfrazada al sentimiento que nos legaron nuestros mayores; no interesan las confrontaciones de opiniones; quienes me distinguen con la lectura de estas notas, son contestes de una opinión totalmente desfavorable a la lamentable coducción de nuestro fútbol por parte de Eugenio Figueredo. El supuesto éxito de una comprometida clasificación es el éxito de los jugadores y de una afición deportiva atenta a una gestión presidencíal de la A.U.F plagada de gruesos errores… *
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