Nacional, sorpresivo triunfo
Nuestros equipos no dejan de asombrarnos. Generalmente estamos precavidos para sufrir decepciones; otras, poco comunes, es cuando nos toca resaltar un resultado favorable y me encuentro hurgando en las situaciones de juego, para encontrar, en qué basó el tricolor el triunfo del pasado miércoles frente a este indescifrable Olmedo ecuatoriano.
Cuando todos, incluidos dirigentes, técnicos y jugadores, daban por descontado su eliminación de la Libertadores se encuentran con este triunfo, que hace agravar aún más la decepcionante actuación, frente a este mismo conjunto en el remozado «Parque Central».
De todas formas, tiene muy comprometida su clasificación, pues le toca de local con River argentino y si el Juniors le gana al Olmedo, al tricolor sólo le restará que lo velen en Colombia.
Al equipo que jugó en Ecuador, representando a Nacional, se lo etiquetó con el nombre de «emergencia».
Pretendo o pretendemos todos los vinculados al club de los Céspedes, que todos los jugadores contratados posean condiciones más que estimables para alternar en semejante club, cargado de gloria.
Los nombres de Coelho, Bava, Alberto Silva, Sebastián Vásquez, Gonzalo Castro… tienen capacidad suficiente para ser titulares y en el caso particular de Fabián Coelho considero, además, que también la camiseta Nº 8 de nuestra Selección se la puede llevar para la casa.
La mayoría de los ex jugadores nos regocijamos observando partidos de fútbol.
Esa gimnasia tan particular nos habilita para diagnosticar con mucha antelación y con un porcentaje muy alto de aciertos, quién o quiénes cuentan con reales posibilidades para jugar con éxito al más alto nivel mundial.
Sin embargo este juego, el que preferentemente practican los de más bajos recursos económicos -Maradona proviene de una villa miseria y Pelé de una favela-, es elemento elocuente de los orígenes de los más relevantes cultores de ese fantástico deporte.
Paralelamente, al advenimiento de esos estupendos «peloteros» nacen y crecen dos figuras de un peso protagónico increíble: los dirigentes y los contratistas, que sin condiciones preestablecidas de idoneidad se encuentran con un cargo que les brinda poder y fama. El poder irrestricto y la fama que envanece y muchas veces envilece, sin que los fiscalicen y mucho menos responsabilizarse de tanto daño que con su aparición le han hecho a nuestro fútbol.
En nuestro actual balompié, como en el Casino, los operadores modernos recogen la plata con rastrillo y a los futbolistas le pagan con la mano. Mientras estemos sujetos a estas condiciones, seguiremos pagando un precio enorme en la consideración mundial, donde, no hace mucho tiempo, desde la época de don Atilio Narancio, hipotecó su casa para que viajaran los olímpicos del veinticuatro. Nuestros dirigentes fueron un ejemplo de soberanía en sus decisiones, avaladas por un conocimiento sin otra intención que la de ubicar a los celestes entre los mejores del orbe, como debe de ser…
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