Una Vuelta de "entrecasa"

La 62ª edición de la Vuelta Ciclista del Uruguay no pasará a la historia como «una gran vuelta».

El reducido número de participantes, la ausencia de equipos extranjeros y la falta de interés en su definición donde tres ciclistas itinerantes se adueñaron de la competencia, demostrando una enorme superioridad, fue una «carrera de entrecasa».

No hubo lucha, si no resignación.

A la malla oro sólo dos ciclistas la llevaron, entre ellos Alvaro Tardáguila (que no ganó ninguna etapa), llegó a ella con su segundo tiempo en el tramo contrarreloj, donde su compañero y también malla oro sufrió inconvenientes mecánicos perdiendo un tiempo valioso que lo retrasó en la clasificación general. El triunfo de Alvaro Tardáguila, fue justo y meritorio y no le es imputable la falta de agresividad de sus adversarios, que en ningún momento se atrevieron a atacarlo.

El argentino Alejandro Acton, compañero de Tardáguila, controló los movimientos del resto de los competidores, imponiendo con su experiencia y su buen estado físico que le permitió observar uno a uno a todos los participantes, siendo frecuente su paseo de la cabeza del pelotón hasta la «cola» mirando y dominando sicológicamente a los contrincantes. Esa superioridad física y mental desalentó, desmotivó, reduciendo su agresividad, evitando los ataques que pusieran en peligro sus posiciones.

La victoria individual de Alvaro Tardáguila y la de su equipo, el Dolores Cycles Club, es inmejorable e indiscutible. El cubano Daniel Fuentes, ganador del tramo contrarreloj, no logró descontar los minutos perdidos y se ubicó segundo en una muy buena gestión. De los uruguayos tenemos que destacar a Mateo Sasso, Néstor Pías y Ricardo Guedes, que se entregaron totalmente a la lucha, no aceptando en los planteos técnicos y tácticos, motivo por el cual perdieron muchos minutos que les costó enormemente remontar. No rindieron de acuerdo a sus antecedentes, Milton Wynants y Agustín Margaleff que finalizaron a 33 minutos de los primeros.

El retiro de Federico Moreira por su problema hemorroidal fue otro de los motivos que restaron interés a la prueba.

Nuevamente fue la transmisión radial el elemento catalizador del público quedando demostrado que es uno de los medios imprescindibles para que este tipo de competencia tenga real resonancia.

Aunque me corresponde en las generales de la ley es a Radio Cristal, Oriental y Continental a quienes hay que culpar por el éxito y respuesta del público que salió al camino y se arrimó a los circuitos, más a «oír que a ver», donde receptor en el oído decodificaba lo que sus ojos veían.

Es verdad cuando afirman que el aficionado cree más en lo que oye que en lo que ve. La organización en general fue correcta y las pocas reclamaciones fueron solícitamente atendidas y solucionadas.

Las variantes anunciadas de «algo nunca visto» no tuvieron el efecto esperado no agregando nada nuevo que aumentara el interés de la Vuelta. *

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