AUNQUE HAY ALGUNOS QUE TODAVIA LO DEFIENDEN

Los silbidos siguen para Recoba

Uruguay volvió al triunfo ayer luego de pasar su peor momento en la historia de las Eliminatorias mundialistas, en el que cayó sucesivamente ante Venezuela, Perú y Colombia, sin convertir goles y recibir nada menos que once en contra. Lo más importante para la selección nacional fue la conquista de los tres puntos y la confirmación de que al público entusiasma la presencia de algunos futbolistas que cumplieron decoroso papel en la Copa América, aunque sigue rechazando ampliamente a una de las «figuras» del equipo.

 

Los hinchas celestes ovacionaron a lo largo de la tarde a varios futbolistas, entre quienes destacaron Paolo Montero, Sebastián Viera, Carlos Bueno, Vicente Sánchez, Fabián Estoyanoff y Marcelo Sosa en un par de ocasiones, mientras que por unanimidad Alvaro Recoba fue el dueño de todos los silbidos.

 

El jugador del Inter de Milán pareció empezar «enchufado» el partido, cuando al minuto de juego estrelló un zurdazo en el horizontal, alentado por los mensajes de aliento que tenía en la tribuna; en el Talud Colombes un cartel con la leyenda «Fuerza Chino» acompañada de una caricatura suya, y la ya clásica bandera que se despliega en la Olímpica (la del indio con el número 1950) alentaban a un buen partido al «Chino».

 

«Recoba hoy es tu día», rezaba el mensaje casi profético inscripto en dicha bandera, pero la ilusión -como el juego de Recoba- empezó a diluirse con el paso de los minutos. Después de ese remate que dejó cimbrando el palo, llegaron las pelotas perdidas, los piques sin ganas, los gestos, las manos en jarra e incluso un par de faltas fuera de lugar, lo que terminó de exasperar a los aficionados, que despidieron con una enorme rechifla al número diez cuando dejó la cancha.

 

En materia de artículos en venta, la mayor cantidad de puestos ofrecían camisetas de Uruguay, la mayoría con los números 9 (Darío Silva), 20 (Recoba) y 21 (Forlán) en sus espaldas, gorros y vinchas. Además del clásico «se pinta» «a voluntad», los más chicos podían elegir entre maníes, golosinas, pop y garrapiñada, los productos más vendidos junto a las ya tradicionales tortas fritas.

 

La gente arribó al Estadio Centenario de forma tardía, ya que cuando transcurría quince minutos de juego se podía observar como las tribunas continuaban poblándose. Igualmente, las mismas no se completaron y se pudieron observar claros a diferencia de lo que ocurría en encuentros anteriores. Seguramente el bajo rendimiento mostrado por la celeste en los últimos partidos y las amenazas de lluvia colaboraron para esto.

 

Un retorno que se vivió en la previa del Centenario fue el del Pato Celeste, a quien se lo pudo observar acompañado de Charoná, la mascota oficial de las presentes Eliminatorias. El Pato le trajo suerte a la selección, que volvió a ganar tras duras derrotas. Seguramente la mascota continuará acompañado a la selección de aquí en más por una cuestión de cábala. Insólitamente, al Pato se le intentó prohibir el ingreso al Estadio en el amistoso previo ante Cerrito. Heber Américo González, secretario de prensa que se encontraba oficiando de portero, no le permitió el ingreso. Igualmente, la mascota pudo entrar por otro sector. Como no podía ser menos, para continuar con la racha la selección goleó al auriverde en los dos compromisos.

 

Paolo Montero cumplió ayer su primer encuentro con la selección celeste en la presente Eliminatoria. Si bien el capitán había retornado para la Copa América, frente a Ecuador volvió a jugar la clasificación para un Mundial tras el encuentro ante Argentina en las pasadas Eliminatorias. El zaguero mostró su personalidad y se transformó en una de las figuras celestes.

 

Otro que debutó por Eliminatorias fue el arquero Sebastián Viera, quien al igual que en la Copa América respondió de buena forma cuando fue exigido. A diferencia de Montero, el debut del joven arquero fue absoluto ya que nunca había participado del certamen continental. En materia de ausencias, mientras tanto, Uruguay no pudo contar para este juego con el delantero Diego Forlán, con el arquero Fabián Carini y con el goleador del Mónaco Javier Chevantón, lesionado en su rodilla.

 

Sobre las dos y media de la tarde el entrenador de arqueros de la selección visitante, el inolvidable colombiano René Higuita (aquel que instauró la «moda» de salir jugando con el pie, patear penales y tiros libres) salió al campo para «calentar» a sus pupilos Edwin Villafuerte y Jacinto Espinoza (un clon de Higuita), precediendo el ingreso de los jueces que también cumplieron con su entrada en calor dentro de la cancha.

Los arqueros compatriotas Sebastián Viera, Luis Barbat e Ignacio De León hicieron lo propio en el arco más cercano a la Amsterdam.

 

Mientras se entonó el himno nacional, los futbolistas compatriotas permanecieron de frente a la Tribuna Olímpica, mientras los ecuatorianos se mantuvieron insólitamente mirando hacia la América, al igual que los jueces.

A los veinte minutos de juego, Javier Delgado se dirigió a la zona del banco celeste y le realizó un pedido al utilero. El «Cabeza» no se encontraba a gusto con su calzado e inmediatamente se pudo observar al utilero corriendo con un par de zapatos nuevos. El ex Danubio aprovechó cuando un jugador ecuatoriano se encontraba lesionado para realizar el cambio.

 

Otro que debió modificar su indumentaria fue Carlos Bueno, pero esta vez por exigencia del árbitro Gilberto Hidalgo. El juez del encuentro obligó al delantero a subirse las medias, lo cual Bueno no podía cumplir ya que tenía medias cortas. Por lo tanto, tuvo que retirarse unos minutos del terreno de juego y cambiarse las medias por unas como las del resto de sus compañeros.

 

En el entretiempo se procedió a realizar un minuto de silencio en homenaje del recientemente fallecido Nilo Acuña. El ex jugador de la selección tuvo su reconocimiento con el silencio y el respeto de los presentes.

 

Durante los 15 minutos de entretiempo se pudo observar como se prendieron los riegos del terreno de juego. La mitad del terreno de juego que fue defendida por Sebastián Viera fue regada tras el pitazo del internacional Gilberto Hidalgo y hasta minutos antes del retorno de los equipos al terreno de juego.

 

A lo largo de todo el encuentro el entrenador celeste Jorge Fossati protestó airadamente y en forma permanente los fallos del juez, abriendo los brazos y gesticulando. sobre todo cuando el encuentro estaba empatado. Una de las jugadas que más reclamó el técnico fue la que propició la tarjeta amarilla de Carlos Bueno, en la que más de medio estadio pidió penal.

 

Otra gran ovación precedió el ingreso del «Lolo» Estoyanoff cuando Fossati lo llamó para ingresar en lugar del «Cebolla» Rodríguez a los 10´ del segundo tiempo; en la primer pelota que tocó el atacante de Fénix desbordó tirando el centro para Bueno; el cabezazo del artiguense dio en el travesaño, en el rebote insistió Bueno de cabeza cuando entraba la sacó el golero. Inmediatamente el segundo línea Alfonso Orlandini salió corriendo hacia la mitad de la cancha con el banderín apuntando hacia el suelo, indicándole al árbitro que el balón había entrado, como lo recomienda el instructivo de FIFA.

En cuanto vieron la reacción del asistente los jugadores celestes desataron el festejo, formando una pila humana detrás del arco Amsterdam, mientras los ecuatorianos protestaban en masa. En medio de los festejos Paolo Montero corrió para pararse delante del línea peruano para que no se lo llevaran por delante, demostrando toda su experiencia en un momento cla
ve.

 

Cuando restaban pocos minutos para finalizar el encuentro y la selección celeste se encontraba en ventaja, la reposición de las pelotas se transformó más lenta de lo habitual. Pero lo más insólito ocurrió cuando un hincha de la Tribuna Amsterdam ingresó al terreno de juego por un agujero que había en el alambrado, le ganó en la corrida a un alcanzapelotas y agarró uno de los balones. El protagonista retornó a la tribuna por el mismo lugar por donde había ingresado y se llevó un valioso recuerdo para su casa.

 

A los 80 minutos de juego se pudo escuchar el primer grito de aliento para la selección charrúa. El «Soy celeste, soy celeste» bajó desde las cuatro tribunas recién al final, ya que el público observó el encuentro prácticamente sin emitir cánticos de aliento para la selección. Esto seguramente fue provocado por los antecedentes cercanos en el Centenario y por lo poco que mostró el equipo frente a Ecuador.

 

Luego del pitazo final los celestes se confundieron en un abrazo en la mitad de la cancha, mientras Fossati se dirigió a saludar a los jugadores ecuatorianos y al cuerpo técnico rival; el momento más cálido de la tarde se dio cuando el equipo recibió los aplausos al saludar con las manos en alto. Tras arribar a la zona de vestuarios con la satisfacción de lograr tres puntos de vital importancia, Joe Bizera y Vicente Sánchez debieron apurar los festejos para dirigirse a realizar el control antidopaje.

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