¿Hacia dónde se dirige el fútbol uruguayo?
Después de las estrepitosas derrotas de la Selección uruguaya frente a Perú y Colombia por las Eliminatorias, los que nos dejó prácticamente fuera del mundial de Alemania 2006, parece oportuno practicar algunas interrogantes. Preguntas al azar para un juego donde no existe el azar, como el fútbol.
Inicialmente uno debe preguntarse, ¿hacia dónde se dirige el fútbol uruguayo? ¿Hacia la Luna, hacia las estrellas, hacia la no existencia, hacia la nada, hacia el replay incansable de situaciones que hacen que las canchas en los torneos locales luzcan desoladas?
¿Es que se pretende que esa desolación persista y perviva ahora, después, en los años subsiguientes y además tiña a la Selección mayor, uno de los pocos escenarios que logra masivamente en el imaginario colectivo sacar a relucir lo que denominamos noción de patria?
¿Es que tenemos que dejar de lado el fútbol uruguayo y dedicarnos a seguir a los talentosos y sobre todo a los que tienen fibra como el formidable deportista Milton Wynants que, pese a un accidente, se montó de nuevo a su bicicleta y alcanzó a calificar para los Juegos Olímpicos de Atenas?
¿Hacia dónde vamos, por favor? ¿Es que el fútbol uruguayo quiere en definitiva suicidarse? ¿Y por qué? ¿Somos real y crudamente tan malos como cuando jugamos contra Perú y Colombia respectivamente? Y si no lo somos, que no, desde luego, ¿por qué se intenta imponer sistemas tácticos que van contra la naturaleza de lo que es el fútbol uruguayo?
¿Se puede jugar con una línea de tres en el fondo con jugadores lentísimos y todavía practicar un achique de líneas contra rivales velocísimos como fueron los peruanos? ¿No es contra natura? ¿Se puede jugar con mayor contención, como ocurrió contra Colombia, y sin embargo no poseer «repentización», escalonamiento y relevos, triangulación y finalmente explosión?
¿Por qué Uruguay, o sea la Selección, juega en cámara lenta? ¿Por qué Uruguay juega tan tenso en lugar de ser intenso, que no es lo mismo? ¿Por qué a los futbolistas se los ve tan crispados en el campo de juego? ¿Por qué no logran concentración y por oposición una desconcentración y/o dispersión alarmantes? ¿Por qué terminamos siendo como los coreanos, esto es, corriendo a la pelota en lugar de hacer correr la pelota?
¿Por qué hay futbolistas que están para 45 minutos y otros para 90 y otros son reservados solamente para sumar y sumar, como si se tratase de un rebaño, lo que termina perturbando el trabajo del propio cuerpo técnico? ¿Por qué algunos futbolistas que entraron jugando contra Colombia ni siquiera estaban para estar en el banco de suplentes, si nos afiliamos a las evaluaciones del cuerpo técnico? ¿Y por qué futbolistas que disputaron 55 partidos de 70 (no siempre entrando de titular, vale la anotación), entre copas locales y Champions League están solamente para 45 minutos?
¿Alguien puede explicarse todo esto que Fossati intenta explicar sin convicción alguna? ¿No aprendió Fossati del virrey Carlos Bianchi que se debe jugar con los mejores futbolistas? ¿No aprendió de Bianchi que el dibujo táctico se diseña o se construye a partir de las potencialidades que pueda reunir un elenco de futbolistas y no al revés? ¿O es el Uruguay el reino del revés, para parafrasear a María Elena Walsh? ¿No está en la tapa del libro o Fossati es un individuo y no lo creemos naive?
¿Por qué fracturó una sociedad de delanteros como Chevantón-Forlán, que entre ambos suman ocho goles en toda la Eliminatoria, que viene a ser el 80 por ciento de todos los goles (12 en total) consumados? ¿Canobbio estaba para entrar jugando los noventa minutos, cuando no jugó casi nunca en el Valencia de España? ¿Recoba estaba para noventa minutos contra Colombia cuando en rigor estaba lesionado y jugó poco en el exterior? Entonces, Fossati, ¿cuál es la medida? ¿No hay una contradicción flagrante allí?
Por otro lado, ¿es que va a optarse por una tonta intervención de la AUF, como se ha hecho público, y así generar la misma o similar deportocracia /burocracia comandada desde la clase política? Y, en ese contexto, ¿si la clase política no puede revertir temas esenciales como la creciente, progresiva pobreza, marginalidad y desempleo entre otros asuntos sociales deficitarios a lo largo y ancho del país o la creciente y progresiva dinámica de desencanto en los más jóvenes que terminan volándose de un Uruguay que les colocó barreras de toda índole, podrá realmente esa clase política hacer algo por el deporte y en particular por el fútbol? Niet.
Y en todo caso, ¿la clase política ya no está insertada desde hace décadas dentro de los engranajes de poder del escenario del fútbol? ¿Y qué ha ocurrido? ¿La gran torta, con circo incluido, no se la llevan siempre los mismos y más tarde sus hijos y los hijos de los hijos? ¿Nunca se aprenderá, por lo tanto, de tantos errores?
¿Por qué continuamos cometiendo errores tan groseros y todavía nos ufanamos de modernos y sustentables? ¿De qué estamos hablando en un país de excluidos? ¿No se puede comenzar a hablar seriamente, a construir un debate profundo que permita devolverle al fútbol uruguayo su naturaleza?
¿Cuándo todos apuntaron a Juan Ramón Carrasco y lo bajaron del cargo y ahora se fusila a Jorge Fossati y aparentemente su deathline será el partido con Bolivia, en rigor no será que el problema está en la cima de la pirámide? Entonces, sin pretender ser ofensivos, sino literalmente sinceros, ¿no será hora y momento de que precisamente el presidente de la AUF, Eugenio Figueredo, sea el que deba renunciar a su cargo y de este modo se pueda generar otra política, otra línea discursiva que renueve y remueva cimientos ya obsoletos de conducción, ejecución y de gestión? ¿No lo haría en la Argentina Julio Grondona, por ejemplo, en condiciones equivalentes y patéticas como las que está vivenciando el fútbol uruguayo?
¿Hay respuestas a estas preguntas hechas al azar? ¿Hacia dónde se dirige el fútbol uruguayo esta noche, mañana y el día después de mañana? *
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