Peñarol se llevó 3 puntos; Huracán quiso y no pudo
Si tenemos en cuenta todo lo que ha sucedido últimamente en el fútbol en cuanto a la violencia desatada por un grupo de cobardes que se escudan en el anonimato, sumado al hecho de jugarse un campeonato ya definido, y al frío invernal que se vino con todo en las últimas horas, hay que convenir que los pocos aficionados que asisten a los espectáculos tienen mucho de masoquistas. Futbolistas desmotivados –por más que se reitere, con razón, que los puntos son importantes para la tabla anual, para la Liguilla y para, en algunos casos, el descenso–, trámites monocordes, y un panorama general desalentador, seguido con desinterés por los espectadores, con el coro agresivo y aburridor de los revoltosos de la Amsterdam, esta vez sitos en la Colombes, insultando a diestra y siniestra según su costumbre.
El partido, obviamente, careció de atractivos. Tuvo un trámite parecido al de los aurinegros con River Plate. En aquella oportunidad se convirtieron 7 goles y se erraron varios más, lo que motivó un desarrollo entretenido y agradable. Ayer también se registraron oportunidades para un tanteador copioso pero, pese a que las defensas dieron las mismas franquicias que el miércoles pasado, esta vez la puntería de los delanteros fue mala, y la lucha se definió con un penal que Cataldo le cometió a Pacheco a los 11 minutos del comienzo y que convirtió con su precisión habitual Bengoechea.
Huracán sorprendió con un planteamiento curioso. Ubicó un líbero atrás, Alfonso Domínguez, y dos stoppers, Cataldo, que fue sobre Pacheco, y De Mendiburo, que encimó a Franco. En la intermediaria, Núñez, Jaume, Rocha, Denis y Julio Rodríguez. En ataque, Nicolai, muy movedizo, y el nigeriano Ike Ozuma. Peñarol respondió con su línea defensiva de Cafú, Marcelo De los Santos, Bizera y Borjas. Bengoechea se paró muy cerca de ellos, teniendo a su derecha a Giacomazzi y del otro lado a De Souza. Cedrés más adelante, conectándose con los hombres de punta, Pacheco y Franco.
El encuentro se hizo parejo, con los playeros muy activos, teniendo por mayor tiempo el balón, pero acusando serios problemas a la hora de definir sus maniobras, y los carboneros dejando venir a su rival para contragolpearlo con los envíos en profundidad de Bengoechea, Cedrés y Giacomazzi. A los 11 minutos, cuando ya los del Buceo se habían perdido un par de chances muy claras, llegó el gol que a la postre definiría el encuentro. Un pase largo y preciso de Giacomazzi para Pacheco, y éste que le ganó la posición a Cataldo que lo tomó de la casaca, pese a lo que el aurinegro remató pegando la pelota en el palo derecho de Pereyra, al tiempo que el juez Fernando Cabrera, de muy buena gestión, sancionaba el penal correspondiente. Cabe acotar que aunque el remate de Pacheco se hubiera concretado en gol, éste no era válido, porque en el penal no existe la ley de ventaja. Bengoechea ejecutó de forma excelente la pena y Peñarol se puso en ventaja sin haber hecho mucho por lograrlo.
El resto de la lucha sólo alcanzó algo de interés con las jugadas del argentino Nicolai, que hizo todo bien menos los remates, fallando en algunos casos en forma increíble, con el arco a su disposición, y enfrente algunas incursiones de Pacheco y Franco, que se perdieron un par de mano a mano con el meta Pereyra. Para Peñarol, en estos últimos compromisos, le quedó como saldo positivo la conquista de 6 puntos que a la larga pueden ser trascendentes. Para Huracán Buceo, una entidad que no tiene técnico y que lucha con problemas de todo tipo de orden económico, la satisfacción de haber enfrentado sin complejos a un rival que cuenta con superiores recursos, cayendo por diferencia mínima que sólo se estableció en el marcador, porque en el juego no la hubo.
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