Cría cuervos, pagarás las consecuencias

Quien, ante un resultado adverso, extralimita la importancia de la función del árbitro, deja muy mal parados a sus propios futbolistas.

En infinitas oportunidades hemos escuchado manifestaciones más que justas: que se ganó a lo «Peñarol». El laureado club del «Pardo» Abadie, de Omar Míguez, de don Washington Cataldi, de Amadís Errico, jamás necesitó de un arbitraje parcializado para conquistar torneos a nivel mundial, por lo que descuento que también el aurinegro sabe perder a lo Peñarol.

Lo de Daniel Bello no fue espectacular y tampoco lo pretende. Es un juez de perfil bajo. Se equivoca, proporcionalmente, menos que el mejor de los árbitros del medio. Debe de ser uno de los pocos que no maneja la ley de las compensaciones. Cuando expulsó a Marcelo de los Santos no dejó en ningún momento la sensación de que inmediatamente expulsaría a un jugador tricolor. Todo lo contrario. No dudó un instante cuando envió a las duchas a Joe Bizera, administrando una justicia en donde sólo pesó su criterio, evitando posteriores suspicacias.

Un juez que se ganó un lugar en la mejor historia del arbitraje nacional. Sin estridencias, sin patotear con las tarjetas, con una autoridad muy singular, tratando de pasar desapercibido. Deja que los protagonistas sean los jugadores, como debe ser. En fin, un referente insoslayable para futuros árbitros en ciernes. Creó un estilo. Pienso que si no es el mejor, es el más apropiado para el medio.

Desde el Turco Marino, pasando por el entrañable Pocho Codesal, Paterlini, Bullosa, el Tito Cerullo y los contemporáneos Dluzniewski, Ramón Barreto, para mi gusto, el excepcional Julio Mattos, los destacados Da Rosa, padre e hijo, fueron y son jueces de fútbol con diferentes estilos, pero de una idoneidad comprobada, que acepta cualquier comparación con los mejores del mundo. Con las discrepancias del caso, con la incomparable presión, con las consecuencias tremendas de arbitrar un clásico, diríamos que el señor Daniel Bello estuvo a la altura de sus antecesores y salvó con nota una de las materias más difíciles que lleva este cada vez más complejo fútbol uruguayo.

Los culpables de ese tedioso primer tiempo del pasado clásico ¿fueron los jueces? La paridad de fuerzas, ese congestionamiento en todos los sectores del campo, la falta de creación, la poca sensibilidad en el trato de la pelota, ¿también se la endosamos a los árbitros o por el contrario las causas no serán secuelas de tremendos errores de conducción de nuestro futbol? No será un gancho demagógico que ante una eventual derrota responsabilizamos a los jueces, con un facilismo que, por reiterado, está más que «junado».

Pero lo realmente alarmante es la falta de ética, la queja ventajera que no es exclusiva de un solo club, ayer fue Nacional, hoy es Peñarol y mañana muchos más.

En cualquier momento estaremos hablando de campeonatos morales y esto sería el colmo. La garra sufriría una transformación sustancial. Si seguimos con estos llantos, nos van a denominar los llorones de América.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje