El Clásico sólo probó lo que se sabía

Por ENRIQUE RODRIGUEZ MALLADA

Cuando apenas transcurrían cuatro fechas del Apertura ya se vislumbraba con gran claridad lo que se venía en cuanto a la definición. Lo erré en cuanto a Bella Vista que lo veía con grandes posibilidades de pelear arriba y Danubio recuperó mucho del terreno perdido inicialmente.

Pero estaba bien definido que había diferencias notorias entre los dos grandes. El Peñarol de este apertura no es, ni por asomo el del Clausura 99. Sin embargo Nacional, en el acierto o el error, en el triunfo o la derrota, mostró siempre en la cancha una idea clara y definida.

La intención del buen fútbol desde el acceso de Hugo De León a la conducción técnica ha sido una constante inalterable. Y no hay vuelta de hoja, para acceder a los objetivos finales, es mucho más sencillo de esta manera.

Sin dudas, la opción es buena para el equipo, para el fútbol todo y además para el espectador.

Más allá de errores arbitrales o no, el Clásico me demostró lo que contra muchas opiniones –incluyendo la de muchos actores– «el que anda mejor nunca pierde, a lo sumo empata». Y para probarlo sólo basta ir a las estadísticas.

Esta campaña excelente de Nacional en el plano local también prueba que «los campeonatos se empiezan a ganar en el período de pases».

En el caso puntual de Lemos, mientras Peñarol cometía un grave error, Nacional tenía un acierto decisivo.

En aquel momento gente de Peñarol, muy allegada, afirmaba que a Lembo había que traerlo aunque sólo fuera para que no lo tuviera Nacional. Y Lembo, aún siendo un zaguero, fue decisivo en esta consagración. Porque fue pilar defensivo y además terminó haciendo goles que a los tricolores los salvó en momentos de angustia. Las notorias diferencias futbolísticas entre uno y otro quedaron en evidencia en el aburrido clásico del domingo. Un clásico en el que Nacional, en favor de la notable diferencia de puntos que disponía, manejó el trámite a su libre albedrío, al punto que por largos lapsos pareció un partido de práctica.

De León mostró además su capacidad para manejar los tiempos de los partidos y, por ende, los cambios. Su inteligencia y su frialdad para analizar le permiten mover las piezas del tablero con gran habilidad y excelentes resultados. Tampoco es un secreto que tiene, en su conjunto, un mejor plantel. Peñarol no quizo o no supo reforzar lo que le era imprescindible.

Para el Clausura deberá intentar cambiar su filosofía porque de lo contrario está condenado. Si vuelve a depender exclusivamente del juego aéreo, del pelotazo y/o la pelota quieta de Bengoechea, su historia será parecida.

En este próximo período de pases deberá afinar muy bien la puntería, muy en particular porque además se le van a ir jugadores y no tiene posibilidades internas de recambio.

Hoy por hoy, el título de campeón es absolutamente indiscutible y va mucho más allá del triunfo clásico. Siempre he sostenido que los equipos grandes ganan o pierden los campeonatos en sus enfrentamientos con los equipos «en desarrollo». Y a las pruebas estadísticas me remito.

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