HACE DOS MESES QUE EL COLEGIO REMITIO LA CARTA

Ejecutivo apretó la denuncia contra Spillman por corrupción

Dos meses después de presentada ante el Colegio de Arbitros la denuncia de corrupción del juez Luis Larrañaga contra el presidente del Consejo Juvenil de Montevideo, Nelson Spillman, la misma duerme en el cajón del escritorio del presidente de la AUF, Eugenio Figueredo.

El acuerdo alcanzado entre el asesor legal de la gremial de AAFU a la cual pertenece el árbitro Larrañaga y el presidente del Colegio de Arbitros Ernesto Vergara, consistía en que el agraviado no iba a realizar la denuncia penal contra el dirigente a cambio de que el mismo fuera juzgado en los órganos competentes de la Asociación.

El Colegio de Arbitros recibió la denuncia de Larrañaga contra Spillman en la cual relató con lujo de detalles las amenazas del dirigente para que modificara el confidencial del partido Sub 18 entre Nacional y Danubio, en el cual había sido denunciado por agresión al juez un futbolista tricolor, pero inexplicablemente, el expediente no fue remitido al Tribunal de Honor.

El Reglamento de la AUF establece que la conducta de los dirigentes son juzgados en caso de denuncias concretas por el cuerpo que preside el ex senador, doctor Américo Ricaldoni porque a pesar que la denuncia fue realizada por un juez al Colegio, este no posee competencia jurisdiccional para intervenir.

El reino de la impunidad

La manifiesta decisión del presidente de la AUF y del Consejo Ejecutivo de apretar la denuncia de Larrañaga, demuestra el reino de impunidad que disfrutan algunos dirigentes que se apartan de las normas reglamentarias y éticas dentro del ámbito del fútbol.

En el caso concreto de Nelson Spillman, la situación es más grave porque el acuerdo alcanzado con la AAFU para que esta no patrocinada la denuncia penal contra el dirigente -había elementos para la misma- establecía el compromiso de los integrantes del Colegio de remitir todos los antecedentes al Ejecutivo, para que este a su vez lo diligenciara ante el citado Tribunal.

Según denunció Larrañaga en su carta al Colegio de Arbitros, Spillman lo amenazó para que modificara el confidencial para proteger a un juvenil de Nacional y le recomendó que hiciera como los árbitros internacionales que miraban para el costado. Además le advirtió que si no accedía a su petitorio, iba a echarse en su contra al Club Nacional de Fútbol.

Larrañaga no sólo se negó al pedido de Spillman sino también lo denunció ante sus superiores y recibió el apoyo del Tribunal de Penas que sancionó con 11 partidos de suspensión al futbolista que el presidente del Consejo Juvenil quería proteger.

El único que sigue impune por ahora es el dirigente gracias a la actitud protectora del presidente de la AUF que, en vez de censurarlo, lo ampara dejando un mensaje entre los árbitros de fútbol que en el futuro, ante una conducta similar, van a tener que recurrir directamente a la Justicia porque saben que en la Asociación, en vez de desterrar la corrupción se premia.*

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