Estamos perdiendo el infinito partido universal por W.O.

La llegada del cable ha supuesto, a no dudarlo, un cambio sustancial en cuanto a la difusión universal del deporte. Todos los que hemos comenzado a peinar canas debemos recordar, cuando ansiosamente, esperábamos los domingos de noche la llegada a través de Canal 10 de la grabación del partido de la etapa del fútbol argentino.

Hoy tenemos deporte en directo por televisión desde todas partes del mundo. Muchas veces nos hemos planteado el efecto multiplicador impresionante que hubiese tenido para nuestro tenis que Marcelo Filipini hubiese nacido diez años más tarde. Hoy lo veríamos en directo ganando torneos del primer nivel mundial de ATP como Atlanta, por ejemplo. ¿Se imaginan cómo hablaríamos todos de tenis si tuviéramos a dos uruguayos a la vez en cuartos de final de Roland Garros, como nos pasó con el «Chelo» y Diego Pérez? Bueno, lo mismo nos está pasando con el fútbol. Hay un partido infinito a nivel universal, que lo vivimos a través de la pantalla de la televisión, y que dura veinticuatro horas al día, y que lamentablemente cuenta cada vez con menos protagonistas uruguayos. De a poco, paulatina, pero en forma constante, vamos perdiendo pie a nivel de la competencia futbolística de trascendencia mundial. Nos vamos acostumbrando de a poco a «hacernos hinchas» de los otros equipos, de las otras selecciones, de los otros jugadores.

Uruguay ha ido quedando, si se quiere de manera lógica, por fuera de algunas competencias trascendentes. No jugamos a nivel de selecciones los mundiales juveniles Sub 20 y Sub 17, ni la fase final del Preolímpico. No hemos tenido grandes campañas clubistas en la Libertadores y Sudamericana. Moraleja, nos vamos acostumbrando a quedar por fuera de la «gran pantalla» de la televisión, y lamentablemente, es por allí que pasa la gran verdad del deporte, y en nuestro caso del fútbol. En relación a los jugadores, salvo Forlán, Chevantón y Darío Silva, tenemos pocas posibilidades de ver a nuestros compatriotas a gran nivel, y eso nos debe preocupar, incluso porque gran parte de nuestra selección mayor se nutre de los repatriados.

Ojalá en el futuro podamos disfrutar más con lo nuestro, y no tengamos que alegrarnos por triunfos ajenos. En principio la competencia internacional que se nos viene con la Copa Libertadores de América, no parece ser una buena posibilidad de cambio del actual panorama. Hubo protestas generalizadas en relación a que los «grandes» del fútbol uruguayo no fueran «cabezas de serie».

En el fútbol mundial, profesionalizado a la máxima potencia, ¿son «gancho» nuestros equipos?

Y si al marco profesional le aunamos lo deportivo, ¿están los grandes potenciados para merecer ser en forma indudable cabezas de serie?

Creemos que la realidad de nuestro fútbol de cabotaje nos impide tener grandes pretensiones, por lo tanto deberemos disfrutar de los seis partidos que Peñarol, Nacional y Fénix en la primera fase porque no hay grandes expectativas de superar más fases que la primera o a lo sumo la segunda. *

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