El libro del Picaflor

— Dígame una cosa Troquílido, ¿usted manipulea la información a sus lectores?

Usted es un reverendo nieto de p…. No puede decir semejante calumnia. Si usted dice eso es porque debería tener pruebas, por lo tanto el plumífero lo intima a que las presente.

— No se enoje y baje las revoluciones.

— Lo que ocurre es que es muy fácil hablar si no se tienen pruebas en la mano.

— ¿Usted no se enteró del bolonqui de novela que se armó el sábado de tarde en el Estadio Centenario previo al comienzo del partido Uruguay-Chile?

— ¿Usted se refiere al incidente entre los tres pitos?

— Exacto. ¡Cómo nos hizo desear tantos días!

— Lo que ocurrió fue que El Picaflor no fue testigo del hecho y hasta que no logró reunir todos los detalles del incidente, no quiso divulgarlo. Al respecto, hay varias versiones pero lo único concreto y confirmado es que el ex árbitro Carlos Gallo, casi se agarró a los bollos con su ex compañero Daniel Bello, en un primer round, y con Otello Roberto, en el segundo.

— A mí me habían chusmeado algo pero sin precisar bien los detalles del incidente.

— Según le comentaron al Troquílido, Bello estaba en el hall central, para ingresar a la zona baja del palco bajo, hablando con un dirigente. En ese instante, aparece el doctor Carlos Gallo en escena y se dirige al gabinete higiénico, donde se encuentra con Bello y le recrimina algo. Coincidentemente, Otello Roberto, que aguardaba a Bello para ubicarse en el palco, sale en defensa del presidente de la Audaf y allí casi arde Troya.

— ¿Alcanzaron a irse a las manos?

— No, no. Uno de los testigos le comentó al Troquílido que Bello, quiso relativizar los hechos: «vos siempre mentiendo lio Carlitos», le habría manifestado a Gallo, lo que motivó la ira del doctor que, como es público, ha sido demandado por su ex gremio debido a declaraciones que formuló en prensa. En ese momento, Otello Roberto, salió al cruce en defensa de Bello y si no es por la rápida intervención de un entrenador, se van a las manos con Gallo.

— ¡En la puerta del palco bajo!

En el pasillo que separa los baños, donde fluía la gente porque todos querían ubicarse en un sitio cómodo para ver el partido. De no haber actuado el entrenador, hubiera sido un escándalo lamentable que hubiera empañado la fiesta del Estadio Centenario.

— ¿Usted sabe quién fue el entrenador que evitó el escándalo?

— Gualberto Díaz.

–¡Gualberto Díaz!

— Sí señor. Y no es la primera vez que tiene que hacer de bombero en el Estadio. Los testigos que le contaron el incidente al Troquílido, aseguran que en ningún momento los protagonistas evidenciaron realmente que iban a agarrarse a trompada limpia. Fue una pelea dialéctica, con decibeles elevados pero por un motivo u otro, trasuntaban inseguridad a la hora de sonar la campana.

–Dicen que Otello Roberto es más malo que un salado.

— Lo mismo dicen del doctor Gallo. Parece que la gran calentura de Carlos Gallo no era tanto con Bello sino con Roberto, porque estaría sindicado por el ex árbitro, como el gran responsable de su descenso de categoría cuando arbitraba, que lo llevó a abandonar la carrera referil antes de tiempo. Igualmente, Gualberto Díaz tuvo que apaciguar los ánimos; los invitó a dispersarse para evitar un escándalo mayúsculo, aunque no pudieron evitar que la versión del incidente, circulara como reguero de polvora.

— Pero usted, tardó 96 horas en contárselo a sus lectores.

— Usted está como la Parda Flora, cuando no grita, llora.

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