El libro del picaflor

 Picaflor, ayer levantó polvareda con lo que publicó.

 El tema fue muy comentado. Cuanto más quieran cerrar el círculo para que la información no se filtre al Troquílido, peor es el resultado porque todavía queda gente de bien en el fútbol, por suerte, que abre la boca y canta todo.

 ¿Lo invitaron a la cena de la Segunda División el jueves de noche?

 No señor. Personalmente, El Picaflor no recibió ninguna invitación y no se molesta. Difícilmente acepta este tipo de convites porque es reacio a compartir momentos con gente que en su mayoría no tiene trato con ella. Segundo, están en todo su derecho los neutrales de la «B», el presidente Cabal, en invitar a aquellos periodistas que están comprometidos con el proyecto deportivo de Tenfield SA. En definitiva, hay una cantidad de colegas que trabajan para la empresa, ganan un sueldo y otros que hacen lobby en forma permanente con la ilusión de que un día los contraten. Está claro que El Picaflor no es un vocero calificado para promover esta estructura del fútbol que lo ha fundido.

 Usted es como la papa madre, no lo come nadie… ¿Le comentaron cómo estuvo la fiesta?

 Muy buena. Uno puede criticar a los dirigentes de la Mesa Ejecutiva de Segunda por cualquier aspecto de organización deportiva pero en materia de relaciones públicas, son diez puntos. Todos los actos, seminarios, lanzamientos de torneos que han organizado, han sido espectaculares. El del jueves de noche en el Nuevo García de Carrasco, no fue la excepción.

 Perdón, ¿cuál fue el motivo de la reunión?

 El acercamiento con los medios de prensa para lograr que ésta le dedique más espacios a la difusión del fútbol de la Segunda División Profesional.

En definitiva, que los periodistas le den más pelota a la «B», algo que no ocurre. Fíjese que la propia empresa que tiene los derechos de imagen del fútbol uruguayo no le da pelota, que por contrato está obligada a hacerlo, no se puede aspirar a que los otros medios se dediquen a ella. Informan lo necesario, imprescindible, pero no en la cantidad y calidad que los dirigentes aspiran. Por eso decidieron invitar a los periodistas a comer y beber en forma abundante, sin protocolo, para hablar mano a mano con ellos y procurar que cambien su actitud frente a la «B».

 A veces una copa, una pizza, un asado de por medio, acerca a las personas, ¿no?

 Es un recurso de las relaciones públicas que a veces da resultados, en otros casos no. En países donde los periodistas tienen una formación profesional, académica, rigurosa, tienen un código deontológico que les impide participar de este tipo de reuniones. En Uruguay, no ocurre esto.

 ¿Cuál fue el balance de la reunión?

 Para los dirigentes fue positivo. Para algunos colegas también aunque hubo casos que dieron lástima.

Se chuparon hasta los dedos y salieron del lugar maltrechos como consecuencia del efecto del alcohol. Un espectáculo deplorable, miserable, que deja mal a todos los periodistas deportivos. ¿Con qué autoridad moral estos colegas pueden juzgar la actuación de los dirigentes después de las borrachera que se agarraron en la fiesta de la «B»? Lamentable, pensar que después hay que escucharlos cuando opinan, juzgan, censuran, dan consejos. *

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