Goleadores de otrora
En los últimos días dos de los goleadores históricos e ídolos de los clubes grandes de nuestro fútbol, como Luis Romero y Julio Dely Valdés han sido noticia protagónica en el ambiente deportivo.
Al hincha, como a cualquier hombre, la memoria le rescata permanentemente los hechos positivos y gratificantes que le han marcado su devenir por la vida.
Creo que no puede haber ningún «hincha manya» que no identifique al Lucho Romero como pieza relevante en la obtención por parte de Peñarol del último quinquenio del siglo pasado. No hay posibilidad de no recordar aquellos duelos con Kanapkis, Nicola y compañía. Allí el «Lucho» se ganó una imagen, un reconocimiento, un respeto, pero por sobre todas las cosas ese amor que solamente el hincha del tablón puede dar. Porque es ese el hincha que convirtió al «Lucho» en ídolo. Para la hinchada mirasol Romero es un ganador. Su pasó por el equipo aurinegro dejó, y nadie lo puede contradecir, una huella indeleble. Y cuando uno ganó tanto en lo deportivo y se convirtió en un referente de su parcialidad, y por más que estemos inmersos en un medio profesional, un ser humano no puede, o más bien no debe, dilapidar su imagen. Luis Alberto Romero, «El Lucho» para el medio futbolístico, no debió provocar el golpe efectista de embargar a Peñarol. Peñarol no merece esta rencilla entre su presidente el contador Damiani y el jugador.
El profesional que asesora a Romero, doctor W. Pérez, no debió embretar a la falange mirasol. Peñarol es demasiado grande como para que alguien embargue su mobiliario para cobrar «unos pesos locos», pero a su vez, lo que le dio Luis Romero al aurinegro es lo suficientemente gravitante como para no merecer estar mendigando.
Lo lamentable es que no faltará el fanático manya que le chifle al Lucho por el único delito de cobrar lo que se laudó que se le debe.
No aprobamos los métodos empleados por ninguna de las partes, ni por el deudor, ni por el jugador, pero más allá de ello hay cosas que la rica historia mirasol no merece, pero que Romero tampoco.
Esperemos que pasados los días todo se solucione y no se termine de degradar la imagen del goleador.
Por su parte, en tiendas tricolores, se anunció de manera rimbombante la vuelta del «panameño querido».
La primera imagen que ganó la calle es que Dely venía a efectuar un sacrificio similar, o del tono de Sebastián Abreu.
Los días y los hechos, han ido llevando a que los miles de dólares mensuales que hay en juego, hagan desvanecer esa imagen de mártir del panameño.
¿De qué sacrificio hablan si va a ganar mas de U$S 30.000 al mes? Hablamos de un ídolo que se dio el lujo de dejar a decenas de personas que lo esperaban colgadas en el aeropuerto durante horas, por un mero hecho estratégico contractual.
Es cierto que la plata mueve al mundo en este lamentable sistema capitalista. Es cierto que los contratistas son más dueños de los jugadores que los clubes.
Lo que no puede pasar, es que los jugadores dilapiden ese patrimonio tan importante que es la idolatría por tácticas económicas.
Dos referentes históricos de los grandes vieron en los últimos días desvanecer en parte su imagen triunfadora, y destruir ese «feeling» que tienen con la parcialidad, y eso no puede poner contento a nadie que ame este deporte. *
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