El libro del picaflor
—Picaflor ¿qué información tiene para hoy?
–Ponga mucha atención en esta historia que ha permanecido en silencio pero no tenga dudas que algo raro está pasando. Las relaciones no son las mejores en el entorno de la selección.
–¿Ya empezamos con los misterios y los problemas?
—El Picaflor, caminaba por la principal avenida y se encontró con un delegado de Primera División. El hombre es muy reservado pero, con un tirabuzón y una dosis de tolerancia, se le puede sacar información. Y el Troquílido que es especialista en la materia, aprovechó las circunstancias y le extrajo buena merca relacionada con la selección. ¿No le llamó la atención que no viajara ningún neutral con la selección a Perú?
–¿No viajó ningún neutral a Lima?
–No señor. El presidente de la delegación fue el presidente de Wanderers, Walter Devoto, que siempre que puede viaja con la selección, haciéndose cargo de sus gastos. El delegado le comentó al Troquílido que las relaciones entre Juan Ramón Carrasco y el doctor Daniel Pastorini no son fluidas. «Pastorini estaba acostumbrado a un trato diferente con Passarella y el propio Púa. Carrasco es diferente, menos sociable, introvertido y esto no ha favorecido el relacionamiento con los dirigentes –excepto Figueredo– y con el propio Osvaldo Giménez. Además no les da bola», confesó el delegado en plena avenida 18 de Julio.
–¡No me diga!
–De acuerdo con el delegado, Pastorini no quiere saber nada con Carrasco; quiere evitar la comunicación con el entrenador. La situación de Osvaldo Giménez no es tan crítica pero el gerente deportivo la tiene más clara que fido dido; sabe que no tiene el mismo feeling que practicó con otros técnicos y como se da cuenta que en cualquier momento va a tener un encontronazo con JR, volvió a reflotar su deseo de dirigir nuevamente.
–¿Este es el verdadero motivo de su ida a China?
–Demasiadas coincidencias ¿no? Sin ir más lejos, en el viaje a Perú, el técnico quedó muy desconforme por la calidad del ómnibus que pusieron los peruanos para ir a buscar a la delegación del Aeropuerto Jorge Chávez al hotel Sheraton.
–Bueno, por lo menos el hotel era cinco estrellas.
–Es verdad, pero la versión que le dio el delegado al plumífero es que tampoco hubo conformidad con el hotel, no por su calidad que es indiscutible, sino por su ubicación geográfica. El Sheraton de Lima está en la parte histórica de la capital, frente al Palacio de Justicia, a pocas cuadras del Estadio Nacional, pero de nochecita su entorno es muy embromado. Prácticamente no se puede salir a su exterior porque es una zona roja en la noche incaica. El delegado que pertenece a un club que tiene jugadores que viajaron a Lima –ellos fueron los que abrieron la boca y pasaron estos datos– le confesó que Carrasco no estaba conforme con el bus ni con el hotel que le dieron a Uruguay. Y este es un tema de estricta responsabilidad de la gerencia deportiva.
–Con razón, Giménez quiere volver a dirigir.
–No le quepa la menor duda que Giménez se va a borrar en cualquier momento. El había apostado –así lo comentó en su entorno– que Carrasco «cayera» antes del primer partido por las Eliminatorias pero como ve, que la selección de JR marcha viento en popa (por ahora), está preparando la retirada… Por eso tiene unas ganas bárbaras de volver a dirigir. *
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