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  • Doble fractura

    Sueños rotos: la tragedia del Tony

    Escrito por: Walter Cabot / Fanaticode

    Lunes 27 de agosto de 2012 | 13:36

    El ídolo mirasol, fracturado

    Domingo 26 de agosto de 2012. Como si asistieran a la representación de una tragedia griega, las 35.000 personas que acudieron al Estadio Centenario –y miles de telespectadores y radioescuchas- vivieron una experiencia que difícilmente puedan borrar de la memoria.

    Fue la tarde del esperado retorno oficial de Antonio Pacheco a  Peñarol. La tarde en la que los hinchas, movilizados a puro fervor, pintaron las tribunas de oro y negro, desplegaron  banderas alusivas al acontecimiento y testimoniaron con aplausos, cantos y vítores su identificación con uno de sus mayores ídolos.

    La tarde en la que la mayor expresión de júbilo sacudió los corazones carboneros a los 22 minutos del PT con el gol de Pacheco –el tercero de Peñarol para la imposición parcial por 3-1-.

    Hasta ahí todo era felicidad, celebración, alborozo. Peñarol estaba ganando su partido debut del Torneo Apertura y la vuelta del “Tony” se vivía como una fiesta. Los sueños del hincha cobraban forma y se hacían realidad.

    Pero en la tragedia hay un instante –el de la peripecia- en el cual el personaje es sorprendido por un giro del destino. Ese instante llegó:  Pacheco quedó tendido en el terreno. Su suerte, la de su equipo y la de todo el público peñarolense cambió inesperada y dramáticamente.

    A 3 minutos del cierre del primer tiempo el ídolo abandonaba la cancha y era trasladado hacia el Hospital Británico. Después se conocería el diagnóstico: fractura de tibia y peroné con desplazamiento, lo cual demandaba una rápida  intervención quirúrgica y, en principio, unos seis meses de recuperación.

    En la cancha el juego seguía y habría de culminar con Fénix dando vuelta el tanteador e imponiéndose 4-3. En los corazones mirasoles quedaba un vacío grande,  un no entender por qué ocurren estas cosas.

    Y es que aunque cueste asimilarlo, tarde o temprano hay que aceptar que estas cosas suceden no sólo en las tragedias griegas. También en el fútbol. Igual que en la vida.

     

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