Preposiciones caprichosas
La crisis no deja títere con cabeza y ahora arremete, implacable, contra el sector inmobiliario. Es así que pudimos leer la siguiente información: «Las propiedades podrían caer aún más de valor».
¿Es posible que la crisis sea también la responsable del error sintáctico que contiene el enunciado? Estamos de acuerdo en que todas las cosas (seres vivos e inanimados) pueden caer desde algún lugar: de un árbol, del pedestal, del cielo, del techo, etcétera, pero nunca caer desde un valor. Lo que debería haberse escrito es «El valor de las propiedades podría caer aún más»; o «Las propiedades podrían caer aún más en su valor»; o, sencillamente, «Las propiedades podrían caer aún más», pues se sobreentiende que lo que cae es su valor. Se puede decir sí que un producto bajó o subió de precio pero vamos a respetar la sintaxis del castellano.
Otra noticia me llamó la atención: «El Marito disfruta de una libertad que de otro modo le hubiera costado años en recuperar». Aquí se ha puesto una preposición de más: sobra en. Correspondería si se hubiese empleado otro verbo, como tardar: «El Marito disfruta de una libertad que de otro modo hubiera tardado años en recuperar». Decimos que Fulano demora en llegar pero no usamos en si decimos que a Fulano le cuesta llegar, ¿verdad?
Los doblajes de los enlatados yanquis son pródigos en vicios lingüísticos de este tipo. Para mí, el verbo jugar va seguido de la preposición a: jugar a las cartas, a la quiniela, a la rayuela, a ladrón y poli, al truco, etcétera. Sin embargo, estoy cansado de oír estábamos jugando póker o vamos a jugar fútbol.
Comprendo que este asunto de las preposiciones no es un tema fácil porque las normas para su uso son bastante caprichosas pero a poco que nos detengamos a reflexionar, hallaremos la forma correcta. Algo de esto sucede con expresiones como un vacío imposible de llenar o una cuestión difícil de resolver o un número fácil de recordar. Fíjese que si variamos un poquito la construcción, debemos eliminar la preposición de: me dejaste un vacío que es imposible llenar; qué difícil es resolver esta cuestión; me resulta fácil recordar ese número.
–Digo yo, Mendieta, este vaso ¿es tan difícil de llenar?
–¡Qué lo parió! *
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