LA REVOLUCION MEXICANA REVIVIRA MAÑANA EN EL PALACIO SANTOS

Un proceso revolucionario cuyos efectos están vigentes también en el Uruguay

 

La vigencia tiene que ver con el hecho de que se trata de una revolución que consumada, y estabilizada, se convirtió en instituciones. Todos los grandes basamentos institucionales de nuestro país, nacieron con la Revolución que le abrió a México las puertas del siglo XX, sobre las bases de una convocatoria amplia y de un consenso de búsqueda de gobernabilidad que se sustancia con la Constitución de 1917″, explica el representante diplomático.

La certeza de la afirmación es indudable: la Constitución de 1917, rige aún a México, más allá de los cambios que experimentó a lo largo de ocho décadas. Constitución basada en una profunda búsqueda de consensos donde los constituyentes fueron las mismas fuerzas que se habían enfrentado en los campos de batalla e incluyeron los derechos sociales del pueblo en la Carta Magna.

«Fue la primera vez en la historia universal, que los derechos del pueblo fueron colocados a nivel de la Constitución, asegura Puente Leyva. Hasta entonces las Constituciones eran individualistas, liberales, decimonónicas, y parecía que en ellas no tendría cabida el derecho a la salud, a la vivienda, al trabajo, nada de esto. México lo coloca en la Constitución y es una de las grandes experiencias. La búsqueda de la gobernabilidad, y la institucionalización es lo más importante de todo el proyecto histórico».

Para el embajador de la nación azteca, uno de los puntos fundamentales que consolidó el proceso, sirviendo de lección a nivel continental, fue que «para merecer credibilidad, y desde el poder, se convocó y se expuso al pueblo mexicano la posibilidad de entender el pasado y los méritos del pasado del país, culturalmente hablando, como base de la gobernabilidad y del consenso social».

Es así que el entonces ministro de Cultura y Educación, después Rector de la Universidad, José Vasconcelos, imaginó un sistema de incorporación masiva al conocimiento, de una población que en aquella época era mayoritariamente analfabeta. El mensaje de la Revolución triunfante se plasmó en gigantescos murales, enormes libros pintados por las más grandes pintores de su época  José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros  entre otros.

Aquellos libros pintados donde la gente podía identificarse, percibir su propia identidad nacional, fueron la piedra angular, conductora de un concepto popular de cultura.

«Sin perjuicio de que eran murales de franca propaganda política, como lo fueron, no estaban por debajo de mérito artístico, entiende el embajador. El realismo socialista en México, en la plástica y en los murales, no tuvo el defecto que tuvo por ejemplo en el socialismo soviético, donde el arte quedó supeditado al mandato del poder y no a la búsqueda de la excelcitud del arte como arte».

El hito revolucionario desbordó, desde antes de estas conclusiones culturales, cualquier fenómeno que lo antecediera. Las glorias de héroes y caudillos, son cantados hasta hoy los niños uruguayos. ¿Qué niño no canta alguna vez las sones de La Cucaracha?; ¿qué uruguayo adulto no tarareó, aquello de Si Adelita se fuera con otro...?

Así el fenómeno revolucionario alcanzó, de una forma u otra, otros lares, expandiendo su ejemplo, cuando no sus resultados.

Alcanzando otros pueblos

Aquellos fenómenos alcanzaron a otros pueblos de América, sin dudas más allá de las canciones. Otras artes como la literatura de Mariano Azuela y Martín Luis Guzmán, los más calificados novelistas revolucionarios. Y más adelante el cine, cuya «época de oro», reflejó el arquetipo del guerrillero revolucionario dramático, esteticista, en un contexto paisajístico que mostró escenarios al mundo que aún hoy, muchos consideran la geografía dominante mexicana.

Aspectos aún más hondos de esta historia revolucionaria fueron captados, recogidos y transmitidos al mundo por quienes en ese subcontinente, buscaron refugio durante décadas.

«Mirando hacia América Latina, la emigración desde otros pueblos latinoamericanos, trasterrados, asilados en México, les permitió recoger cosecha de la Revolución Mexicana, para luego volver a sus países», reflexiona Puente Leyva. «Producto de la Revolución Mexicana ha sido el hecho que nuestro país se convirtiera en refugio incondicional de las diásporas políticas del continente y del mundo. A México llegaron, empezando por los exiliados republicanos de España, pasando por los guatemaltecos, los cubanos. De México salió el Granma, para recuperar la historia contemporánea que se vive en Cuba. A México llegaron los argentinos que huían, allá llegaron los venezolanos, allá llegaron los uruguayos, los chilenos. Todos los latinoamericanos que en su momento recibieron asilo en México, pudieron hacer una lectura de lo que importa que un país hubiera recuperado su perfil de tal para el siglo XX. Fue este un proceso largo, de una democracia que fue de participación limitada, y que se ha ido acrecentando en términos de participación y de credibilidad, en la medida que los viejos esquemas de monopartidismo y de hegemonismos políticos, que fueron importantes, se han flexibilizado a lo que se llama técnicamente un proceso de participación ampliada».

Diferentes vías, una revolución

«La revolución en lo social de un país, se hace por vías muy diversas, pero las realmente importantes son las que nacen del arraigo popular», adelantó el diplomático a modo de anticipo de la charla que brindará mañana en el Palacio Santos (véase recuadro).

Este marco de los arraigos populares es el que hará del acto de mañana, algo fuera de las convenciones habituales en el Palacio Santos, como la música en apoyo a la revolución.

«Es que los corridos, por ejemplo, se hicieron en las trincheras de la Revolución. Algunos tan internacionalizados como los antedichos, todos ellos para narrar la historia y con el trasfondo de destacar, las hazañas, la gloria reconocida de los caudillos, de las grandes batallas y de las mujeres que hicieron la Revolución».

Puente Leyva está dispuesto a recorrer junto a los asistentes, aspectos claves de la nueva narrativa mexicana, surgida a partir del proceso revolucionario. Y también aspectos de Pancho Villa, de Emiliano Zapata, seguramente desconocidos por los visitantes.

A modo de corolario, el abordaje de la vigencia de este proceso vital, en la cotidianidad actual de México, abre expectativas. «La fuerza de la Revolución se hace sentir en autores tan actuales como Octavio Paz, o Carlos Fuentes: los cronistas de los frutos de la revolución», detalla el embajador. «La verdadera proyección de la Revolución, más allá de las trincheras, se da en las instituciones, en la participación colectiva del pueblo, en todo tipo de artes, y en aquellos que van a descubrir más allá del exotismo de México a un país que se anunciaba como de características sui-generis».

Llegarán después los surrealistas quienes asumirán a México como un país de carácter surrealista. «Alguien ha llegado a afirmar que si Kafka hubiera nacido en México, hubiera sido un escritor costumbrista», concluye Puente Leyva. «Y es un surrealismo pegado a enormes realidades.

Un surrealismo que descubren los extranjeros para México: porque nosotros estamos acostumbrados, a un país de naturaleza mágica, de inspiración trascendentalista, a un país místico, que adora la Virgen de Guadalupe, pero no pierde la visión de su pasado remoto». *

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